
Lo que iban a ser las 22.30h. terminarán siendo las once o más tarde. El caso es que acabo de llegar y aún tengo que cenar. Igual nos liamos jugando a las cartas, igual nos vamos de fiesta. ¿Quién sabe? El caso es que me apetece desconectar un poco, ver otras caras que las habituales, reírme... aunque siempre, vaya donde vaya, llevaré conmigo esa imagen angelical que tan feliz me hace en ciertos momentos y que tantas torturas me aporta a veces, pero que siempre me aporta una tranquilidad inexplicable.
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