martes, marzo 30, 2010

Extrañeza

Me da la sensación de que estoy alicaída. No estoy segura porque apenas lo he sentido en todo el día, pero de repente no tengo ganas de irme de viaje, sino que prefiero otro tipo de tranquilidad: la que me brinda la soledad, buscar esa intimidad allá donde nadie pueda encontrarme; de repente no tengo ganas de hacer nada más que llegar a casa para descansar y olvidar todo y a todos. Supongo que es una época de esas en que me cuesta un mundo realizar las cosas con la energía de siempre, me siento desganada y con ganas de llorar. No creo que se deba a él, esta vez no, sino a todo lo que me rodea, como si necesitara escapar, marcharme lejos, distanciarme de todo lo que conozco para respirar aire nuevo, para estar en contacto con otras personas. Siento que hoy muero un poco a cada minuto que pasa.
Aún no les he dicho a mis amigos que no iré con ellos este fin de semana, aunque he dejado caer alguna indirecta. Hablando con mi hermano pequeño, para "te llamo para tocarte las pelotas" (me ha dicho), me ha comentado que me piense lo del viaje y que no dé la respuesta hasta mañana. Quizás tenga razón porque, desde luego, que hoy no es uno de esos días en que tenga ganas de reír. Tengo ganas de que acabe. Si quiero reír tengo un truco, alguien que a veces es como un amuleto, otras veces aparece su imagen en mi mente como si se tratara de un ángel. Sí, si quiero estar un poco más contenta sólo tengo que pensar en él, pero entonces me pregunto dónde estará, por qué no sé nada de él y por qué los planetas no se han alineado para que nos veamos de vez en cuando. Y esto último también me entristece.
Sería tan fácil como poder llorar en su hombro, que me estrechara entre sus brazos y dejarme llevar por la tranquilidad que contagia esa persona.

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