miércoles, diciembre 23, 2009

The crow

Para Nochevieja me había agenciado un magnífico cuervo que parece casi real. No creo que lo lleve conmigo puesto que resulta bastante aparatoso (es a tamaño real). Se lo he 'presentado' al loro, que ha empezado a darle picotazos, y al perro, que ha huido despavorido y ha terminado escondiendo la cabeza debajo de mi brazo. Mi madre me ha preguntado que de dónde he sacado ese bicho. Y la verdad, con la variedad de colores que hay en mi habitación, el pobre cuervo está fuera de lugar.
Eso me recuerda a que hace muchos meses plasmé aquí el poema de Poe, el del cuervo. Porque entonces empezaba a leer la antología del autor, una antología reeditada para este año que acaba, llamado por muchos "el año de Poe" (por el 200º aniversario de su nacimiento). No he terminado aún la antología, aunque lo haré en los próximos meses.
El cuervo lo he colocado ahí porque es uno de los pocos sitios donde me cabía y se quedaba fijo. Junto a un corazón traído de Alemania donde pone "Ich liebe dich" ("te quiero", para los que no dominen la lengua) y Epi y Blas vestidos con 'la Roja', recuerdos fetichistas de hace dos Eurocopas (si mal no recuerdo), o quizás van de Fórmula 1; fueron un regalo de mi hermano pequeño, así que no lo sé con seguridad. Y peluches y más peluches. Al final son un incordio, porque llega un momento en que no sabes dónde colocarlos. Por lo menos ahora no molestan.

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