Para ir a la isla de Gozo tenía dos opciones: coger un hidroavión o tomar el ferry que sale desde el puerto de Cirkewwa. Me seducía la idea del hidroavión, pero más sencilla me parecía la perspectiva de apuntarme a una excursión donde me guiaran, sobre todo cuando pensaba en los horarios del ferry. Finalmente me apunté a la excursión, que yo desconocía en principio que fuera con guía en español. Así que ese día hablé en español y estuve con españoles. Ya conté que hubo un altercado entre dos señoras mayores y la guía, Josephine, por el hecho de que, al usar dos idiomas (español y sueco), nos costaba el doble llegar a todos los sitios. La verdad es que a mí lo que realmente me pareció decepcionante fue que la guía no profundizó mucho en lo que contaba, de tal manera que parecía tocar los temas de una manera somera y superficial. Es decir, no me estaba contando nada diferente que yo no hubiera leído ya en mi guía.
Gozo es una isla más fértil y verde que Malta, pero también hay menos posibilidades de supervivencia, debido a que la mayoría de los jóvenes se marchan a Malta tanto a estudiar como a trabajar. La isla consta de 14 ciudades y, de hecho, es un lugar mucho más pintoresco que Malta. La gran mayoría de la población asentada en Gozo se dedica a la pesca y a la agricultura, y en menor medida a la ganadería.
La isla tiene un carácter propio. El ritmo de vida es muchísimo más lento que en Malta. Durante años, sus 40 km de costa abrupta, llena de cuevas y acantilados, fueron refugio de piratas y corsarios, y en Dwejra Point se encuentra el Blue Hole, un profundo cañón que constituye uno de los mejores sitios de buceo de todo el Mediterráneo.
Históricamente hablando, Gozo comparte la misma historia que Malta, aunque siempre fue más vulnerable a las incursiones y ataques de piratas y enemigos. En cierto momento de la historia, la mayoría de sus habitantes fueron tomados como cautivos por el turco Dragut, para venderlos como esclavos. Generalmente, cuando los habitantes eran avisados de una previsible invasión, los gozzitanos se refugiaban en la cercana isla de Malta, tras los muros fortificados de sus ciudades mejor protegidas, y algunos incluso se marchaban a Sicilia.
Cuenta la leyenda que Gozo es Ogigia, la isla que cita Homero en La Odisea, y que en una de sus grutas se ubica el lugar donde la bella ninfa Calipso convirtió a Ulises en prisionero de amor durante siete años. Calipso prometió a Ulises la inmortalidad a cambio de que se quedase con ella. Pero él regresó a los brazos de su esposa Penélope, que tejía y destejía el sudario para el rey Laertes esperando el retorno de su amado.
El nombre de Gozo es castellano y su significado no varía de lo que nosotros conocemos como “gozo, gozar”.
En Cirkewwa cogimos el inmenso ferry (que transporta tanto personas como vehículos) hasta el puerto de Mgarr. El trayecto dura media hora y, desde la cubierta –hacía sol-, se podía observar a mano derecha (si fuera mujer de mar, diría que a estribor) la escarpada isla de Comino, de donde sobresalía una torre defensiva. No se veían, desde el barco, señales de que viviera alguien allí. Sin embargo, durante el invierno está ocupada por ocho personas. Cuando el sacerdote no puede navegar hasta Comino para dar misa, la dan desde la costa de Malta. Comino cuenta con un hotel que está cerrado desde octubre hasta abril; este hotel tiene su propio transbordador que hace trayectos hasta Malta, generalmente para sus huéspedes, que son casi todos amantes del submarinismo, ya que Comino es un lugar idóneo para practicar ese deporte.
Tras dejar atrás Comino, la costa de Gozo se iba acercando a nosotros rápidamente. Mgarr es una ciudad bulliciosa, debido posiblemente al ferry que va y viene de Malta. Allí los autobuses son también muy viejos, pero los colores cambian (gris y rojo).
Al salir de la terminal del ferry, un minibús nos esperaba en la salida para ir a visitar un lugar antiquísimo: Ggantija Temples (traducido como “los templos de la Giganta”), mucho más antiguos que las pirámides de Egipto o Stonehenge, ya que éstos están datados en el año 3100 a.C., mientras que Ggantija Temples tienen una antigüedad de entre 3600 y 3200 a.C. Estos templos se encuentra en el entorno de Xaghra.
Ggantija Temples son dos templos megalíticos, formados por enormes losas de piedra, colocadas alternativamente de cara y de canto, y cuyo peso a veces sobrepasa las 50 toneladas. Su construcción es un enigma. Una leyenda local asegura que una giganta llamada Sansuna fue la que transportó en su cabeza las enormes piedras hasta aquel misterioso lugar.
Los Templos se descubrieron en el siglo XVII y son considerados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La planta de los dos templos es original. Uno de ellos tiene una planta que se asemeja mucho a la forma de una trébol, mientras que el otro parece la figura de una persona.
Se pueden ver las diferentes salas que llevan hasta una especie de altar, el Sancta Sanctorum. Algunas piedras están decoradas (y es la única decoración) con espirales, símbolo de continuidad. A la entrada de los templos pueden contemplarse bolas de piedra que, se cree, servían para transportar las enormes piedras. Algunas piedras incluso tienen una especie de hueco que, según los expertos, se utilizaba para la sangre de los animales que se tomaban en sacrificio. Se cree que estos templos se construyeron para honrar a la Madre Tierra y que los sacrificios se celebraban en su honor. Se cree que toda la región estuvo habitada en la Prehistoria.
Piedras redondas que posiblemente servirían para transportar las losas más pesadas
A continuación fuimos en autobús hasta Fontana, o The Fountain, llamada así porque las aguas salen del subsuelo, y por tanto, a ambos lados de la carretera se podían ver una especie de grutas naturales que se han reconstruido para formar lavaderos o fuentes, todas adornadas con imágenes religiosas. El motivo de nuestra parada allí fue para hacer compras. Y la verdad es que allí venden muchos tejidos de lana (me compré unas manoplas y un gorro). También venden los licores típicos de Malta y probé el de higo chumbo, ya que éste se produce nada más en Gozo.
Interesantes son los trabajos manuales que puedes ver en directo en cualquier tienda, como el encaje de bolillos.
De allí nos fuimos al pueblo de Dwejra. Confieso que la sucesión de extrañas casas me recordó a los poblados que salen en los westerns. Se veía poca gente en las pedregosas calles (sin pavimentar). Cogimos una barca y el pescador nos iba explicando (en inglés) las maravillosas figuras que iban surgiendo en la costa.
La verdad es que, al principio, cuando sales al mar, da un poco de respeto ese bamboleo continuo de la barca, aunque llevaras chaleco salvavidas. Es impresionante el azul turquesa que se ve, gracias al coral, en las aguas. El coral también se ve en las paredes rocosas de las cuevas. Es una maravilla para todos los sentidos.
En cierto momento, el mar forma una laguna natural llamada Inland Sea, un mar interior, completamente cerrado y rodeado de acantilados, con un gran lago de agua de color esmeralda.
Entre las cosas que vimos entre las rocas estaba el cocodrilo y el rostro grabado en la piedra. Pero lo más interesante, sin duda alguna, era Azure Window, la Ventana Azul. No pasábamos por debajo, pero la vista desde allí era magnífica. Azure Window está formado por una inmensa cornisa rocosa de 100 metros de longitud y 20 metros de altura, contra la cual rompen sin parar las olas del mar. Es un fenómeno natural espectacular. Los gozzitanos la llaman It-Tieqa (“la ventana”).
Desde allí también se puede ver Fungus Rock, la roca de las setas, llamada así porque en ella crece una especie de hongo (focus coccineus melitensis), que se utilizaba en el tratamiento de la disentería y a la que se le atribuyen propiedades afrodisíacas. En el siglo XVII, el Gran Maestre Pinto prohíbe el acceso a Fungus Rock, con lo que la Orden de los Caballeros se reservaba su recolección. El Gran Maestre Pinto era un apasionado alquimista, por lo que no tardaron en aparecer los rumores que asociaban los hongos con la elaboración del elixir de la vida. El Gran Maestre Pinto murió a los 90 años, una edad que, en su época, era alcanzada por muy pocos. Y esto daba más fuerza al rumor que se extendió durante años en la isla.
Reconozco que respiré hondo cuando me bajé de la barca. El barquero no te cobra hasta el final, antes de desembarcar. Me pregunto qué harán cuando alguien se niegue a pagar.
De allí cogimos el minibús para ir a comer. Eran las 12.30h. Nos fuimos a la bahía de Xlendi, un lugar muy pintoresco, donde teníamos reservado restaurante para comer. Las paredes del restaurante estaban decoradas con aparejos de pesca. Desde allí había unas vistas magníficas de un cabo en el horizonte y de la costa rocosa que terminaba introduciéndose hasta la ciudad, cuyas barcas estaban protegidas en la bahía tranquila.
Finalmente paramos en la capital de Gozo, Victoria (en honor de la reina inglesa), ciudad que posee una ciudadela magnífica, con unas vistas más impresionantes aún. Allí llegó el caos, porque allí fue donde comenzó una discusión que parecía no tener fin.
La Cittadella (ciudadela) es una fortificación amurallada construida por los Caballeros de la Orden de Malta para protegerla de las invasiones. En su interior se encuentra la catedral barroca, del siglo XVII, en honor a la Asunción.
En Victoria hay dos templos importantes (la catedral y la iglesia de San Jorge) y dos teatros. Tanto unos como otros compiten entre sí por ser mejor que el otro.
No entré en la catedral, pero como dato curioso debo decir que la Virgen pesa más de 400 kg y se saca en procesión cada año el 15 de agosto (Día de la Asunción). La otra gran fiesta es el 16 de julio, día de San Jorge.
Dentro de la Cittadella vivían las familias nobles y ricas de Gozo durante la Edad Media.
A Victoria se le sigue llamando Rabat entre los gozzitanos, que era su antiguo nombre. En 1897, para conmemorar su 60º cumpleaños, la reina Victoria de Inglaterra la rebautizó con su propio nombre. Victoria o Rabat es la ciudad más poblada de la isla, con unos 6.500 habitantes.
Yo me dediqué a grabar en mis retinas todos los colores, los aromas y los sonidos que iba absorbiendo lentamente. Victoria no parecía una gran ciudad, y no se distinguía mucho de otros pueblos pequeños que habíamos recorrido a lo largo de la jornada.
Panorámicas de la isla de Gozo desde la Ciudadela de Victoria:
Monte más alto de Gozo (todas las montañas son así, como escalonadas, y la cima es plana, como una meseta)
Había un mercadillo que a las cuatro ya estaba recogiendo en la plaza principal, Pjazza Indipendenza o It-Tokk (el nombre en maltés significa “punto de encuentro”), y en época de los romanos ya constituía un lugar de reunión, donde había mercado de frutas, verduras y ropa. Yo me empeciné en buscar un buzón de Correos y, después de varias vueltas por el centro sin ver uno, tuve que preguntar y me indicaron dónde se encontraba la oficina de Correos. Respiré aliviada.
Después llegué a la iglesia de San Jorge, construcción dañada por un terremoto y reconstruida en 1818.
En la plaza frente a la iglesia se había creado un mercado navideño, que a mí me recordó a los alemanes Weihnachtsmarkt, de lo mucho que se parecía a los que se crean todos los años en las principales ciudades de Alemania.
En la vuelta hasta Mgarr, había tensión en el minibús. La guía hablaba con nerviosismo después de la bronca que había recibido.
Desde el barco pudimos ver la impresionante puesta de sol al fondo, algo digno de ver.
Ese día cené conejo, sólo conejo como plato principal, pero para entonces no tenía cámara, debido a que me había quedado sin batería.
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