
Siempre pasa: cuando quieres ver a alguien nunca te lo encuentras y cuando no quieres encontrarte con alguien entonces es cuando le ves.
Será una de las pocas veces que el azar nos lleva a encontrarnos en la calle, en la misma acera y de frente.
Como siempre, iba por la calle ensimismada, centrada en lo que tenía que hacer. De repente, he levantado la vista para mirar y delante de mí tenía a quien menos hubiera esperado encontrarme. He sentido el calor en mi rostro y las manos ardiendo, ni siquiera sé cómo he sido capaz de saludarle sin que me temblara la voz. Nervios. Entonces he escuchado su saludo, esa voz tan sensual, y he sentido que me estremecía de pies a cabeza.
Ni siquiera me he atrevido a mirar hacia atrás. He seguido caminando, con mis pensamientos concentrados en esa voz.
Iba guapo.
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