sábado, diciembre 19, 2009

Veronika decide morir


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En el momento en que empecé a leer este libro, pensé en que no me iba a gustar. Comienza con un intento de suicidio, la decisión sopesada de una joven de veintipocos años que decide poner fin a su vida sin un motivo aparente. Ese comienzo fue suficiente para que me costara seguir con lo que venía después. Y eso que Paulo Coelho me gusta mucho y el libro no tiene más de 200 páginas.
Hoy, tras haberlo acabado, no me reitero en la impresión inicial. El final es apoteósico, aunque previsible. A lo largo de las doscientas páginas se descubre la conversión de la personalidad de una joven desde que siente que quiere suicidarse hasta una verdadera lucha por la vida y la ilusión de vivir, de vivir cada día como si fuera el último.
Pero entre bambalinas está el doctor Igor, a modo de demiurgo (recordando aquellas clases filosóficas del colegio), que mueve los hilos de unas vidas ajenas. Él es el “creador”, el que a través de su tesis y su estudio consigue cambiar los conceptos de la chica.
Y en medio de todo ello, el amor, como no podía ser menos en un libro de Coelho. Un amor que surge en un manicomio, entre dos seres que se comprenden, que están hechos el uno para el otro, dos jóvenes desubicados en el mundo exterior, donde todos les creen locos, y desubicados en el mismo centro, donde para el resto de los pacientes son dos personas muy lúcidas. Dos jóvenes que no han encontrado su sitio aún, que sólo lo encuentran en el momento en que entran en contacto y, desde ese instante, es raro que lleguen a separarse.
Veronika vive en Ljubljana, capital de Eslovenia. Es una joven que ha tenido todo en su vida y, quizás debido a esto, considera que la vida no puede ofrecerle mucho más. Un buen día decide suicidarse mediante una mezcla explosiva de pastillas de todo tipo. Sin embargo, es encontrada a tiempo. Cuando despierta se encuentra el Villete, el sanatorio mental más famoso de la ciudad. El doctor Igor le dice que le quedan unos pocos días de vida, puesto que el intento de suicidio ha alterado sus constantes vitales y también su maltrecho corazón.
Una noche decide tocar el piano. Solamente tiene como público a un chico de su misma edad, Edouard, que es esquizofrénico y que no habla. Él la busca para que toque el piano para él, y ahí comienza la historia de amor. Edouard no es esquizofrénico realmente, pero está allí porque para su padre, un célebre diplomático, es una vergüenza tener un hijo que no quiera seguir sus pasos y que haya optado por hacerse pintor.
Y allí en Villette se conocen los dos jóvenes que en el supuesto último día de vida de Veronika deciden escaparse. En el castillo de Ljubljana despiertan a otro nuevo amanecer y descubren que ella sigue viva.
Cuando le comunican al doctor Igor que los dos jóvenes se han escapado, él sonríe porque de esa manera conseguirá terminar su tesis: ha conseguido eliminar todo rastro de amargura (o vitriolo, como lo llama él) del cuerpo de la joven, que opta por luchar por vivir.

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