
Se hace inevitable no pensar en él cuando bajas a tomar un café y ves a tres personas cercanas a él, cuando eres consciente de que antes eran cuatro.
Y sientes un escalofrío al saber que le has hecho partícipe de algo y que posiblemente lo haya visto hoy.
Pero vuelves a sentir la infinita paz y tranquilidad que te aporta pensar en él. Y sonríes. Porque vuelves a sentirte feliz.
A partir de ahora puede ocurrir cualquier cosa, pero estos momentos, fruto de su magia, no podrá robármelos nadie.
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