
Si alguien me preguntara en estos momentos dónde he estado esta noche, diría que en las nubes. Tal cual. La verdad es que estaba en un lugar muy lejano, aunque físicamente haya entrado en muchos bares. Incluso me he quedado varias veces con la mirada clavada en un punto lejano. Me costaba hablar, era de estos días en que te tienen que sacar las palabras con pinzas.
Son síntomas evidentes de preocupación.
Faltaba gente esta noche. Y, por supuesto, he llevado coche, cosa que haré durante los siguientes fines de semana... hasta Nochevieja. Mis amigos se reían: "No vas a poder tomar whiskies". Por poder sí, pero prefiero conducir, volver a casa cuando me apetezca, no depender de nadie y tener esa seguridad.
Evito hablar de él, porque si lo hago se me pone la piel de gallina -y no es de frío-. Quiero seguir queriéndole, pero también necesito que mi alma se tranquilice y se estabilice. Y me iré a dormir y seguirá en mi mente hasta que Morfeo venga a apoderarse de mis sueños.
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