No había tanto caos como en la excursión de Gozo cuando nos dividieron por idiomas en el puerto deportivo de Msida (L-Imsida). Enfrente de los yates (donde destacaba uno grande y negro, que propiedad de Erroll Flynn y ha protagonizado varias películas, se encontraba el edificio de los consulados. Lo cierto es que Malta, al ser tan pequeña, no tiene muchas embajadas extranjeras, aunque sí consulados, y se concentran todos en unos pocos edificios.
Ése es el caso de España, que no tiene embajada en Malta, pero sí consulado.
El nombre de Msida viene del árabe y significa “la casa de un pescador”. Nació como aldea de pescadores, que con el tiempo y debido a la proximidad con La Valletta ha ido urbanizándose rápidamente. Hoy la ensenada de Msida se ha convertido en club marítimo, donde se encuentra el Yatch Marina, el principal puerto deportivo de la isla. En esta ciudad se encuentra la Universidad de Malta.
La guía se llamaba Jane y me ahorraré la descripción diciendo únicamente que me recordó, tanto en edad como en físico, a la corresponsal de TVE en Oriente Próximo y la zona asiática, Rosa María Calaf. Se puso a hablarme en francés y como viera que yo comprendía siguió parloteando en el idioma del país vecino, hasta que llegó un matrimonio de Avignon y se dio cuenta de que yo era la española. Como yo entendía perfectamente cuando hablaba en francés, cuando pasaba al español ya sabía lo que iba a decirme (excepto en palabras técnicas).
La primera parada fue junto a la carretera. Bajamos unas escaleras para asomarnos en una especie de balcón que daba al Mediterráneo, desde donde se veía la Gruta Azul, que volveríamos a ver de cerca a última hora de la mañana. Esta gruta sirve de refugio para las barcas cuando se avecina tempestad.
Al fondo se erigía el islote de Filfla y una plataforma petrolífera.
Continuamos nuestro camino hasta un lugar prehistórico: Hagar Qim. Se trataba de una especie de templo que, al igual que el de la isla de Gozo, se utilizaba para honrar a la Madre Tierra, a la que se le ofrecían sacrificios de animales, cuya sangre se mezclaba en el suelo con la tierra. Había aquí varios símbolos relacionados con la fertilidad.
El tipo de piedra calcárea utilizada es blanda y fácil de trabajar, quizás es lo que explica que existan tantos pasajes en forma de ventana.
Hay un monolito que muestra un evidente culto fálico. También la disposición de ciertas piedras lo muestran (la pelvis femenina y masculina juntas).
Un poco más abajo está el templo de Mnajdra. Parece ser que los dos templos estaban comunicados entre sí. Tanto uno como otro están protegidos de las inclemencias del tiempo por inmensos toldos.
Desde allí fuimos hasta el pueblo de Qrendi, con una típica plaza maltesa donde destacaba un edificio con una columnata blanca e imponente, en cuya entrada nos dieron la bienvenida. Se trataba de la Casa de la Banda (de Música).
Dimos un paseo por las callejuelas estrechas, llenas de flores. La gente, en sus quehaceres diarios, nos miraba con curiosidad.
Nos dejaron tiempo libre, donde yo aproveché para tomar un café en el bar de la Casa de la Banda, que me recordó a los Casinos de los pueblos que hay en esta zona.
Nos marchamos hasta Wied iz-Zurrieq, una especie de aldea de pescadores, donde montamos en barca y vimos la Gruta Azul desde el mar. Esta vez el mar estaba más tranquilo que el día anterior y yo ya no tenía tanto miedo. Los franceses se marcharon después de montar en barca y me quedé sola con la guía y con el conductor del autobús.
La guía me preguntó, a las doce, si deseaba comer ya o prefería hacerlo más tarde. Ella, que había vivido en España en época de la transición, sabía perfectamente que yo no iba a comer a las doce del mediodía. Bastante bien conocía las costumbres de mi país. Así que visitamos la cueva de Ghar Dalam (Cueva Oscura). La aldea donde se encuentra se llama Birzebugga.
Ghar Dalam es una gruta descubierta por casualidad a mitad del siglo XIX. Aquí se han hecho excavaciones múltiples, donde se han encontrado restos de animales y seres vivos. Lo más curioso es que muchos de estos esqueletos de animales, como los de los elefantes enanos, no podrían sobrevivir en Malta.
Por eso se deduce que hace millones de años buscaban en Malta más calor y se acercaban desde la cercana Sicilia, en una época en que Malta era una extensión de la península italiana. Cuando los mares subieron de nivel y las islas se separaron, estos animales quedaron aquí; muchos murieron, otros evolucionaron creando especies nuevas (como es el caso de los elefantes enanos).
La cueva no tiene restos de esqueletos, y no se puede caminar más que en un corto trayecto. Nunca pierdes de vista la luz del exterior. Aunque allí vivieron con toda probabilidad los primeros seres vivos que habitaron Malta. No hay pinturas rupestres tampoco. Pero, casi en el fondo, se pueden ver creaciones de estalactitas y estalagmitas.
Desde allí nos fuimos a comer a un restaurante en la costa, en Marsaskala, donde no me habían preguntado y habían dado por supuesto que comería pescado, como todo el mundo. Al final, le dije a Jane que no soportaba el pescado. El camarero, un tío que era clavado a John Travolta, me trajo una tortilla y una ensalada, además de salsa agridulce cuya etiqueta me resultó familiar: era de Lleida.
El nombre de Marsaskala significa “puerto siciliano”, posiblemente debido a que sus primeros habitantes procedían de Sicilia. Es un pequeño pueblo costero situado en una bahía fortificada del siglo XVII, construido por los Caballeros para proteger el litoral.
Después de comer, salí a disfrutar del paísaje impresionante, una bahía preciosa, tanto que incluso llegué a plasmarla sobre papel.
De allí nos fuimos a Marsaxlokk, un pueblo de pescadores típico maltés y lo más pintoresco que vi en Malta. El puerto estaba lleno de las barcas que llaman luzzu, dando un colorido extraordinario al pueblo. Pese al turismo, Marsaxlokk aún conserva su espíritu. Había un pequeño mercadillo junto al mar, y a lo largo del paseo los pescadores limpiaban sus redes o repintaban sus barcas. Me enteré de que en este pueblo los fines de semana ponen un mercado de dos kilómetros de longitud, adonde va muchísima gente. De haber ido en fin de semana quizás no hubiéramos encontrado ese espíritu local.
Marsaxlokk es un nombre maltés: “marsa” significa puerto y “xiokk”, siroco, el viento del sur. En esta bahía desembarcaron los primeros fenicios que llegaron a la isla para asentarse. Durante el Gran Asedio, Marsaxlokk sirvió de lugar de fondeo para la flota turca. Hoy en día es un pintoresco puerto con miles de destellos de colores. Hay dos tipos de barcas, las “luzzu”, que son pequeñas, y las “dghajsa”, que son más grandes, todas pintadas con llamativos colores y con el ojo de Horus que atrae la buena suerte.
A la salida del pueblo está la central eléctrica que abastece a toda la isla.
Desde ahí volvimos a Msida, donde nos distribuyeron por hoteles. Mi autobús estaba lleno de alemanes. Me resultó familiar su manera de decir “San Antonio” (es el nombre de un hotel donde se alojaba la mitad del autobús).
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