Cuando llegaba esta madrugada a casa, Yoguito me esperaba en el portal. Durmió conmigo, aunque reconozco que me desagrada un poco que un bicho ronde a mi alrededor mientras estoy durmiendo. Hoy ha vuelto y se ha metido entre las sábanas. Me da pena echarle porque esta mañana el loro le ha dado un picotazo en el pescuezo y aún llora todavía cuando le acercas a la jaula.
Me dijo mi amigo A. que es genial llegar a casa y recibir el cariño altruista de un amigo fiel. Ayer me hizo sonreír.
A ver quién le echa ahora, si está completamente dormido. Es como un bebé.
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