
Quizá ese hueco que estaba tan vacío lo fue llenando poco a poco, quizá lo hizo sin querer, sin intención alguna, quizá pasó de ser una persona que pasaba desapercibida a convertirse en un imán que hacía feliz a otra persona totalmente ajena.
¿Qué será lo que hace que sea una persona, y no otra, la única que llena ese vacío, ese vacío que cuando está lleno es imposible de vaciar?
Lleno de él, de su sonrisa, de sus ojos, de su dulzura, de su ternura, de sus palabras, de su delicadeza…
Y, a pesar de estar lleno, aún podría llenarse más. Llenarse de cosas inexplicables.
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