
Acabo de pedir mi disfraz de Nochevieja por internet. Me gusta, aunque no sé por qué me da que de pecho me va a estar un tanto ajustado. Algo haré. Tampoco soy de llevar pelucas, pero esta vez me apetece. Seguro que volveré a casa sin peluca y con un sombrero de otro disfraz ajeno. Es lo que suele ocurrir, que siempre regresas con trozos de disfraz.
A mis amigas no les va a hacer mucha gracia que, después de elegidos tres, yo haya optado por otro diferente.
Me gusta porque es medio gótico, pero también porque da algo de miedo.
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