
Pese al frío me he asomado a la ventana. Montones de nieve se acumulan en las aceras. Más allá, su coche. Y entonces sonrío porque siento su proximidad etérea.
Es complicado caminar por la calle. Para un recado que he tenido que hacer, he dado varios traspiés. Menos mal que están los de Protección Civil con sacos de sal y palas para quitar el hielo de las aceras.
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