viernes, diciembre 04, 2009

¿Debería creer en lo que no tiene explicación?

La próxima vez que le vea le preguntaré qué se le ha perdido por ahí. Dos veces en el mismo sitio. No he sabido cómo reaccionar, en parte porque aún no me había tomado el café y estaba con algo de sopor, y en parte porque me he quedado tan sorprendida que quizás hasta he abierto la boca por lo extraño de la situación.
Y es que lo pienso y me cuesta hasta creerlo.
Estaba llegando a SD y he pensado en que sería genial que él saldría de una calle lateral a la derecha, como hace un tiempo, y justo cuando alcanzaba la rotonda ha aparecido ahí. Es que me he quedado tan sorprendida que ni siquiera le he saludado ni pitado. Y encima después he disminuido la velocidad para mirar todo el tiempo el espejo retrovisor y comprobar si venía o no por detrás.
Y era él. Le he visto demasiado cerca para comprobar que tapaba sus ojos oscuros con gafas de sol, su barbita recortada, el pelo largo, y además que él también se ha quedado observando porque también me ha reconocido.
Ahora me arrepiento de no haber saludado al menos con la mano. Habrá pensado que cuando voy en el coche soy una rancia o, peor, un poco antipática. Lo que tenía que haber hecho es haber parado en la acera del Parador, hacer autostop al pasar él y decirle que nos fuéramos a tomar un café juntos. Se nota que después de comer ando más lenta de reflejos. De haber sido a última hora de la tarde, otro gallo hubiera cantado.
Cuando hable con él le explicaré por qué no le he saludado. Es que ahora me siento... Iba a decir que fatal, aunque cuando se lo comente lo comprenderá. La verdad es que esa fracción de tiempo en que le he visto ha servido para sonsacarme una sonrisa que no desaparecerá en toda la tarde. Ha sido un subidón de adrenalina.

Es tan adorable...

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