viernes, diciembre 04, 2009

Malta, un sueño convertido en realidad III: La Valletta (25 de noviembre)

Desde el primer día que llegué estaba deseando conocer la capital de Malta. Sabía que era una ciudad espléndida, con un legado histórico inmenso. Sin embargo, muchos de los edificios no estaban abiertos al público.
La capital de Malta está situada sobre una península y cuenta con una población de 7.000 habitantes (a pesar de ser la capital, es una de las ciudades menos pobladas de Malta). Es uno de los lugares amurallados más impresionantes de toda Europa. En 1980 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y es una de las áreas históricas más densas del mundo: en sólo 55 hectáreas se agrupan 320 monumentos. Cuenta, además, con el puerto natural fortificado más grande del mundo.
La Valletta fue construida por los Caballeros de San Juan después de la victoria de los malteses sobre los turcos en 1565. Aunque la ciudad debe su nacimiento al enemigo: el turco Suleimán el Magnífico. Cuando los Caballeros llegaron a Malta, se establecieron en la pequeña aldea de Birgu (Vittoriosa), protegida por el fuerte de Saint Angelo. Desde allí lograron ampliar la antigua atalaya de Saint Elmo, enfrente de Birgu, pero sus defensas seguían siendo débiles.
La ciudad recibió su nombre de Jean Parísot de la Vallette, Gran Maestre de la Orden de los Caballeros de San Juan, quien dirigió la reconstrucción de la ciudad tras la derrota de los turcos en la batalla del Gran Sitio de 1565. El nombre oficial que dieron a la ciudad fue Humilissima Civitas Vallettae (“Humilde Ciudad de Valeta”). Después de construyeron innumerables bastiones y edificios barrocos, por lo que se la empezó a llamar Superbissima (“Más orgullosa”). En maltés es simplemente conocida como Il Belt (“la Ciudad”).
Cuando el Gran Maestre Jean Parísot de La Vallette colocó la primera piedra de lo que sería la ciudad, sólo pensaban en construir un bastión defensivo, para proteger los dos puertos situados a los dos lados del promontorio sobre el que se construía. La primera piedra sería para edificar la Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias y después se construyeron los primeros Auberges.
Nadie imaginaba que ese bastión defensivo se iba a convertir en una ciudad tan hermosa. La construcción de la ciudad marcó el inicio de una edad de oro en la cultura, la arquitectura y las artes maltesas. Los Caballeros de San Juan, que procedían de las familias más ricas de Europa, contrataron a los mejores artistas e ingenieros disponibles en ese momento. El Papa Pío V y el rey Felipe de España aportaron ayuda financiera. La Valletta fue construida en quince años y se consideró la ciudad perfecta. La ciudad atendía a las necesidades de todos los estratos de la sociedad, desde los Caballeros hasta sus sirvientes y comerciantes. El diseño del ingeniero Laparelli preveía el ingreso de agua dulce por bombeo y la higiene, dos conceptos muy avanzados para aquella época.
En 1571 la construcción de La Valletta estaba tan avanzada que los Caballeros se mudaron desde la cercana Birgu. A finales del siglo XVI, La Valletta era ya una ciudad lo bastante grande y poblada, ya que la gente de las islas quería vivir protegida por la seguridad de sus murallas. Aunque el desarrollo urbano de la ciudad no fue únicamente propiciado por sus defensas y fortificaciones; también influyó la fiesta del Carnaval de Malta, celebrado por primera vez en 1535, y tenía tanta importancia que se tuvo que modificar la puerta principal de la ciudad, la antigua Puerta Real, para permitir el paso de las carrozas del Carnaval.
City Gate
Una de las cosas que me sorprendieron nada más cruzar la City Gate fue la bandera española en todos los rincones del centro. Todo estaba lleno de policías y, en concreto, hubo dos edificios donde no pude entrar, debido a las recepciones oficiales: el Auberge de Castilla y el palacio presidencial. La visita del Rey Don Juan Carlos y el Ministro de Asuntos Exteriores, Moratinos, me perjudicó entonces, dado que esos dos edificios son de los más atractivos de la ciudad.
Fuente de Tritón
Empezaré por el principio.
La estación de autobuses de La Valletta se concentra al aire libre alrededor de una fuente redonda, con la estatua del Tritón, formando las diferentes líneas o rutas círculos concéntricos. Aunque también es cierto que, siendo la primera vez que llegaba a La Valletta, no fue difícil adivinar la parada en la que tenía que bajar. La plaza de la fuente de Tritón es uno de los centros neurálgicos de toda la isla, gracias a la terminal de autobuses públicos que comienzan y ultiman su recorrido aquí y llegan a todos los rincones de la isla.
Allí mismo, a unos 500 metros, estaba la entrada a la ciudad. En el puente de piedra hasta la misma, sobre el inmenso foso, se apostaban numerosos taxis (son completamente blancos) y coches de caballos, bastante extraños desde mi punto de vista, quizás porque era la primera vez que veía unos coches de caballos así.
Cuando pasas por debajo de la City Gate te encuentras con una calle larguísima, Republic Street (Triq ir-Repubblika, en maltés), en línea recta que acaba en el Fort Saint Elmo, junto al mar.Esta calle mide cerca de 1,5 km y está cerrada al tráfico en su mayor parte; los principales edificios de la ciudad se encuentran aquí.
Foso
La City Gate, puerta de acceso a la ciudad, fue construida en los años 60, sustituyendo la antigua Porta Reale. Es una puerta moderna, aunque recia, con enormes muros y un foso de casi 20 metros de profundidad.
Freedom Square
Al principio hay una plaza, Freedom Square, donde está la Oficina de Información Turística y bastantes terrazas para tomar un café o una cerveza acaso. En esa calle además hay infinidad de negocios de marcas internacionales. Toda esta red de calles constituyen el centro de La Valletta, discurren en paralelo y terminan en el mar.
Freedom Square tiene un enorme espacio en ruinas; son los restos de la Royal Opera House, construida por los ingleses a imagen y semejanza del teatro Covent Garden de Londres y destruida durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.
Auberge de Castille
En vez de seguir recto, como todo el mundo, me dispuse a tomar las calles hacia la derecha para ir al Auberge de Castille, que realmente es el Albergue de Castilla, León y Portugal. Estos albergues estaban separados por nacionalidades, tal y como se construyeron hace siglos, cuando los caballeros de la Orden de Malta decidieron crear sus cuarteles generales diferenciándolos por nacionalidades. Así, los Auberges terminaron compitiendo en arte y cultura. Asimismo, en la catedral de La Valletta también se encuentran capillas según las diferentes nacionalidades de los caballeros de la Orden, que fueron los que se encargaron de decorar el templo, intentando asemejarlo a los más bellos edificios religiosos de sus respectivos países y tomando como referencia San Pedro Vaticano.
El Auberge de Castille llama la atención por sus ventanales en verde y por la profusa decoración de su fachada. Lamentablemente, todo estaba lleno de policías porque los malteses recibían ese mismo día la regia visita del monarca español. Desde allí era posible ver el Gran Puerto de La Valletta, donde había un enorme transatlántico.
The Saluting Battery
Seguí caminando hasta Upper Barraca Gardens, un enorme parque donde se escuchaba hablar a alguien por megafonía. Se trata de unos antiguos jardines privados de los caballeros italianos de la Orden de San Juan, que utilizaban como zona de entrenamientos para los futuros caballeros italianos; en el siglo XVIII se transformaron en un elegante jardín con las vistas más impresionantes de toda la ciudad. Estos jardines están decorados con numerosas esculturas de celebridades internacionales, como Churchill o Einstein. Me acerqué hacia esa especie de balcón desde donde se veían las Tres Ciudades (Vittoriosa, Conspicua y Senglea) y el Gran Puerto de la Valletta, para encontrarme con The Saluting Battery, donde soldados vestidos al modo inglés hacían un simulacro de disparo con un cañón, tal y como debió haber sido en el pasado.
Las Tres Ciudades: A la izquierda, Vittoriosa; a la derecha, Conspicua; y en el perfil cóncavo entre las dos anteriores, allí resguardada, se encuentra Senglea
Desde allí había unas vistas magníficas de las Tres Ciudades, mientras pensaba en si era mejor coger un autobús o un luzzu, barcas típicas que, en La Valletta, hacen los servicios de un taxi. El trayecto en estas últimas duraba entre cinco y diez minutos, mientras que el autobús tardaba mucho más, debido a que tenía que ir bordeando toda la costa. Pero era algo que dejaría para la tarde o quizás para otro día, como ocurrió finalmente por falta de tiempo.
Co-catedral de La Valletta
Entré en la co-catedral de La Valletta. En la entrada me dieron una especie de chal para taparme la piel de los hombros, pues iba en tirantes. Lo rechacé, diciendo que me ponía mi chaqueta. También me obligaron a colocarme la mochila delante, porque si la llevaba en la espalda podía romper algo. El interior de la catedral es impresionante: no queda un solo rincón sin adornar, y es que es un tesoro en sí misma. Barroca y recargada, algo que sorprende al ver su fachada austera y sencilla, de acuerdo a los principios de rigor y sobriedad de la orden, así como la vocación militar de la ciudad. Exteriormente se asemeja mucho a una fortaleza, algo que cambia radicalmente en el interior. La Catedral era para los Caballeros no sólo un centro religioso, sino también un lugar en donde celebrar todos los actos importantes del Estado. Por esta razón la llenaron de tesoros y de obras de arte y no dudaron en llamar a los artistas más famosos del momento para decorarla, siendo uno de los más importantes el pintor italiano Mattia Preti. La obra maestra de este pintor es el techo abovedado de la catedral en el que se va contando, en diferentes escenas, la vida de San Juan. Algunas de las pinturas de las capillas laterales también son de Preti.
Pavimento de la co-catedral
El suelo, al igual que en Mdina, está ocupado por 369 lápidas coloreadas de mármol, que guardan el recuerdo de las familias aristocráticas más famosas de Europa. Aunque cada lápida es una composición independiente, en conjunto componen una magnífica obra de arte, que mezcla escenas de la vida militar, civil y religiosa con osamentas, cráneos y esqueletos. Los grandes maestres reposan en los sarcófagos de la cripta.
Los caballeros de la Orden de Malta se referían a ella como la iglesia principal de la santa religión de Jerusalén, ya que es el edificio religioso más importante de la isla, edificiado entre 1573 y 1577, por encargo del Gran Maestre francés Jean de la Cassière, como iglesia conventual de la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan, y dedicada a su patrono, San Juan Bautista. Es una de las obras más importantes del arquitecto maltés Gerolamo Cassar y durante 200 años fue la sede central de la Orden, reemplazando a la iglesia de Birgu.
Interior de la co-catedral
Debido al suelo cubierto de lápidas, está prohibido entrar con zapatos de tacón y que te obliguen a comprar unas manoletinas de usar y tirar junto a la puerta. Los motivos con calaveras que simbolizan la fugacidad de la vida también son frecuentes en estas lápidas. Lamentablemente la capilla de la Lengua de Castilla y Portugal estaba siendo restaurada y había sido cerrada al público.
La co-catedral de La Valletta fue uno de los primeros edificios que se levantaron en la capital, y durante doscientos años fue la sede de la Orden de los Caballeros de San Juan.
Pero lo que más llama la atención (al menos desde mi punto de vista) es el Oratorio, donde se exponen dos obras maestras de Caravaggio: La decapitación de San Juan Bautista y San Jerónimo. En ese mismo Oratorio, donde en la actualidad se exponen dos de sus obras más célebres, fue condenado Caravaggio para ir a prisión.
Se sabe que Caravaggio llegó a Malta huyendo de la justicia italiana y en busca de trabajo, atraído por las obras de la catedral.
San Jerónimo (1608), Caravaggio
Le encargaron que pintara a San Jerónimo escribiendo en su celda, un tema que el artista había realizado en varias ocasiones, pues era muy dado a pintar temas religiosos. Caravaggio plantea en este cuadro una figura monumental, de tamaño imponente; se trata de un anciano de piel amarilla y arrugada, calvo y concentrado en sus anotaciones. El santo se ha deshecho de sus vestiduras de cardenal, que se encuentran alrededor de la cintura, y el color rojo de los ropajes da fuerza a la obra. Los rasgos del santo le identifican con Alof de Wignacourt, Maestre de la Orden de Malta.
En 1957 el cuadro fue confiscado por el gobierno laborista de Don Mintoff para presionar a las autoridades religiosas. En 1984 fue robado del Museo de la Catedral; varios años después los ladrones exigían un rescate de muchos millones de euros, fueron detenidos y el cuadro, recuperado.
La decapitación de San Juan Bautista (1608), Caravaggio
La decapitación de San Juan Bautista fue pintado en el mismo lugar donde se exhibe en la actualidad. Aparece una manera nueva de representar el espacio y distribuir la escena, acompañándola con colores y una atmósfera densa. Los personajes parecen poseer un territorio propio para desenvolverse libremente. Caravaggio utilizaba los claroscuros con gran maestría en sus lienzos, como se puede comprobar aquí. El pintor se identificaba muchas veces con sus víctimas y se ha dicho que el rostro de San Juan es su autorretrato. Además, éste es el único cuadro que firmó el pintor: su nombre está escrito en la sangre del Bautista.
Al salir, comí macarrones (a la italiana) en la terraza de un restaurante. El conejo típico aquí servía como aderezo. Estaban buenos.
Después retomé Republic Street y di con la enorme plaza donde se ubica el palacio presidencial, del que sólo llegué a ver un pequeño patio. La verdad es que volvía a estar aquello lleno de policías y secretas, que te observaban desde todos los ángulos. Gracias a ellos supe dónde iba a estar nuestro monarca esa tarde.
Palacio de los Grandes Maestres
El edificio donde se ubica en la actualidad el Palacio Presidencial se consideraba en el siglo XVI el palacio más confortable y elegante de los que existían en Europa en ese momento. Desde 1574 hasta principios del siglo XIX fue la residencia habitual de los Grandes Maestres de la Orden de San Juan. Arquitectónicamente sigue la tradición italiana, con una gran fachada, un primer piso dedicado a salas oficiales y la Armería, en la planta baja, con una exposición de armas de la época.
Caffe Cordina
A medida que vas caminando te encuentras con uno de los cafés más célebres y antiguos de La Valletta, el Caffe Cordina, ubicado junto a la Bibliotheca, enfrente de cuya entrada se erige una estatua de la reina Victoria.
Bibliotheca y estatua de la Reina Victoria
La Bibliotheca fue el último edificio construido por la Orden de San Juan. Contiene una rica colección de libros y manuscritos medievales y los archivos de la Orden. Según las normas de la Orden, cuando los Caballeros morían tenían que legar todas sus armas, objetos de valor y libros; de aquí surgió la idea de una biblioteca que atesorara todos estos legados. Obra dieciochesta del autor italiano Stefano Ittar, en su fachada se puede ver el busto del poeta maltés Dun Karm Psaila, autor del himno nacional del país.
Vista de Kalkara
Así que seguí mi camino en dirección al Fort Saint Elmo. La calle subía y bajaba, y en realidad son todas las calles así: parecen toboganes. Aunque estas calles siguen un orden, ya que La Valletta fue una de las primeras ciudades del mundo en ser planificada para facilitar su defensa, de ahí que tenga un esquema de cuadrículas en sus calles y su trazado sea rectangular, con calles paralelas, algunas de las cuales terminan en escalinatas muy empinadas que descienden hacia la zona de los muelles.
Casa Rocca Piccola
Entré en la casa Rocca Piccola, una de las mansiones del siglo XIX. Está habitada por la familia del marqués de Piro. Una de las componentes de estos aristócratas te explica las estancias de la casa y parte de su historia (en inglés). Aunque sólo nos enseñan una pequeña parte, porque esta familia de aristócratas sigue manteniendo la casa como residencia habitual. Es impresionante por todas las obras de arte y el mobiliario perfectamente conservado que aloja en su interior, y llaman la atención la capilla familiar, y otra capilla portátil que se llevaba de habitación en habitación, sobre todo por la alta mortalidad infantil de siglos anteriores, por lo que se acarreaba hasta el dormitorio de la parturienta, por si el neonato moría al nacer.
Bajo tierra tiene un refugio de guerra.
Refugio de guerra de la Casa Rocca Piccola
Museo del Juguete
También entré, que estaba justo enfrente, en el Museo del Juguete, todos de los años 50. Daba la sensación de que estaba todo mezclado sin ton ni son, como abarrotado y algo desordenado.
Fort Saint Elmo
Finalmente llegué al fuerte San Elmo, pero está cerrado al público durante la semana.
Levantado en 1552, fue el símbolo de la resistencia maltesa durante el Gran Sitio de 1565, siendo destruido por completro y reconstruido por el arquitecto Laparelli. Durante la Segunda Guerra Mundial fue bombardeado de manera constante. Justo al lado se encuentra la Academia de la Policía Maltesa. En este fuerte se rodó la película El expreso de medianoche.
Después decidí bordear la costa.
En La Valletta se descubren grandes obras de arte, iglesias y palacios por doquier, ya que al doblar cualquier esquina se pueden ver estatuas, nichos, fuertes y escudos de armas en las fachadas de los edificios.
Siege Bell, Monumento a los Caídos en la IIª Guerra Mundial
Unos pasos más allá me encontré con el Monumento a los Caídos en la Segunda Guerra Mundial. Es impresionante la estatua yacente que sobresale hacia el mar.
Durante la Segunda Guerra Mundial, La Valletta fue seriamente destruida por los bombardeos alemanes e italianos, pero la ciudad logró superar la guerra conservando intactas muchas de sus riquezas, entre ellas la catedral de San Juan. Después de la guerra, la población empezó a emigrar a otras ciudades y en la actualidad su población es superada por otras ciudades maltesas de menor relevancia.
Las vistas eran espléndidas.
Desde allí llegué hasta Lower Barraca Gardens, otros jardines desde donde hay una magnífica vista del Gran Puerto. En el centro se ubica un monumento en memoria del capitán inglés Alexander Ball y otro monumento que conmemora el 50º aniversario de la Segunda Guerra Mundial.
Monumento a Alexander Ball en Lower Barraca Gardens
Volví sobre mis pasos y decidí pasar el resto de la tarde en la bulliciosa plaza de la Libertad, aunque ya no se veía el mismo ambiente ruidoso de varias horas antes y muchos comercios habían cerrado.
Panorámica desde el Fuerte San Elmo
A eso de las siete de la tarde opté por coger un autobús hasta Bugibba y, en el trayecto, que duró más de media hora, me dediqué a recrearme con todo lo que había visto ese día, que estaba cargado de una magnificencia tal que me había impactado.

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