miércoles, diciembre 23, 2009

La vida es como una caja de bombones

La vida es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar. ¡Cuánta razón tenía Forrest Gump cuando lo decía! Es una bella metáfora sobre la vida.
Hoy me siento pletórica. Caminaba bajo la lluvia, sin paraguas, con un gorro de lana que ha llegado calado, sin importarme demasiado que las gotas de agua resbalaran por mi piel. Me sentía feliz, pese a haber abierto los ojos a las 8.30h. Se supone que a esa hora entro a la oficina, aunque últimamente no importa. En enero mi horario de entrada será a las 9.00h., un horario que ya he empezado a cumplir desde la semana pasada y algunos días sueltos de los últimos meses. Sí que se me han pegado las sábanas y es cierto que, aunque sentía un pequeño remordimiento, he decidido que el día, pese a estar gris, era magnífico. Eso iba unido a otros pensamientos. Pensamientos que se han incrementado cuando he visto su coche y he sentido su cercanía, incluso he pasado por debajo de su ventana, aunque sabía que no nos íbamos a ver.
De regreso a la oficina, venía con una caja llena de bombones. He saboreado uno y he pensado en esa persona que parece haberse adueñado de mis pensamientos, que no me quejo, puesto que me siento feliz la mayor parte del día. No importa que llueva, que esté oscuro, que todos los edificios y el cielo incluso se hayan teñido de un frío color grisáceo. Lo que importa es que yo lo veo todo con un gran colorido, igual que los papeles brillantes de los bombones.
Y su dulzura supera con creces todo el dulzor que viene acumulado en esa caja de bombones.

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