No me gusta nada esta época ni este mes. Quizás influye en que tampoco me gusta la Navidad, me parece un momento exageradamente comercial, y triste y nostálgico. Los villancicos que deberían animar me parecen deprimentes. Odio todas las comilonas navideñas, aunque me gusta el ambiente de antes, cuando nos reunimos todos antes de la cena y vamos a tomar algo por los bares de mi pueblo, un grupo de entre veinte y treinta personas jóvenes. Y no me gusta ni el marisco, ni el champán, ni el pescado, ni los dulces navideños. Y odio el frío.
Y no me gustan los adornos de Navidad. Mi madre los pone con mi hermano pequeño. Seguro que vuelve a poner luces de colores en la terraza y el Nacimiento en el portal. Y quizás decore algún árbol (natural) de los que tenemos en casa. Por lo menos no pone a Santa Claus subiendo por la fachada (patético).
En mi pueblo se prepara el belén para el último sábado de mes. Llevan siglos vendiendo lotería. Lo que me recuerda que yo, atípica jugadora de la lotería (porque es imprevisible incluso para mí si compraré o no), compré ayer en una parada en Lerma cuando volvía Lotería del Niño porque no había de Navidad. Y es para mí, eso es lo curioso. Cuando estuve en Madrid compré Lotería en Gran Vía porque me sentía obligada de cara a mis padres, pero no era para mí. Mi tío me enseñó que la lotería nunca ha de regalarse.
Dentro de un mes ya habremos cambiado de año. En mi caso estaré durmiendo a esta hora, tras una larga noche de celebración, con el disfraz desperdigado por ahí. ¡A saber de qué me disfrazaré este año! No es algo que me preocupe.
Lo que está bien es que volveré a estar en el Mercado del Camino. Recuerdo especialmente con cariño las colas que hacíamos en la carpa, donde siempre terminábamos merendando gratis. Y el mercado medieval... Y que hay mucha gente por todos los sitios.
No es para ponerse a bailar con la llegada de este mes. Espero que pase pronto, excepto esos momentos en que me encuentre con él, que estoy segurísima de que los habrá y que además serán numerosos. Por esos encuentros, repetiría revivir diciembre mil veces si hiciera falta, aunque sea uno de los meses que menos me gustan del año.
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