No puedo demorar más mis vivencias en Malta. Así que empezaré haciendo una introducción al país y comentando un poco cómo era el entorno que me acogió ese primer día.
Malta es un país con una tradición y herencia históricas inmensas, y hablo con razón de causa si digo que tiene monumentos prehistóricos más antiguos que Stonehenge. Está formado por tres islas principales: Malta (27x14 km), Gozo (14x7 km) y Comino (2 km2 de superficie total), y algunos islotes de perfil abrupto y escarpado. Aunque pertenece a la Unión Europea desde 2004, lo cierto es que no entró en la zona euro hasta el 1 de enero de 2008.
Es un país que tiene enormes canteras de piedra; dicen los expertos que Malta tiene piedra para 200 años más. Pero es piedra caliza que se dedica casi por completo a la construcción. El problema de este material es que es del tipo arcilloso, muy blando, de ahí que las casas de cierta antigüedad parezcan algo destartaladas y descuidadas. Con el tiempo, esta piedra cambia de color, de ahí que una casa nueva se nota a simple vista por la blancura de su fachada. En cuanto a las edificaciones, no hay alturas, dos o tres pisos lo más, y aunque en las cercanías de La Valletta es posible ver algún edificio de más de diez pisos, no es lo normal. Esto, en un sitio tan pequeño, crea ciudades que parecen estar unidas, o encadenadas quizás. De ahí, que sea fácil para un foráneo despistarse y no saber dónde se encuentra.
Una casa normal en Malta ronda alrededor de los 120.000 €, es decir, muy parecido a nuestro país. En mi opinión, la vivienda allí es muy cara. Estamos hablando de un país con unas cotas de pobreza y miseria más elevadas, aunque la mayoría de la población trabajadora es mileurista.
Como nota de interés, cabe decir que todas las casas tienen nombre. Es símbolo de buena suerte y ese nombre debe ser fantástico. Muchas, aparte del nombre, suelen tener al lado una pequeña escultura religiosa, como vírgenes o imágenes del Santoral católico. Mejor no imaginar la cara de poema que ponía cuando me encontraba ante tan desbordante religiosidad: no sabía si reír o llorar.
Cuando hablo de la miseria que he visto, me refiero a hechos como ver a vendedores ambulantes en los pueblos, con sus camionetas y furgonetas que se caen a trozos aparcadas en una plaza, gritando a ver si hay suerte y alguien les compra algo de fruta o verdura.
Cuando hablo de pobreza me refiero a situaciones como la producción insuficiente, pues tienen vacas para abastecer a todo el país de leche, pero si tuvieran que alimentar a todos los malteses con carne de ternera, no tendrían suficientes. De ahí que tengan que importar casi todo.
Y, hablando de animales domésticos, no se ve ni uno en los campos, o en los pocos sitios libres que quedan sin urbanizar. Es sorprendente y, cuando preguntas al respecto, te explican que todos los animales domésticos están encerrados en los establos. Las granjas son, por tanto, diminutas.
La observación de los vehículos también te da muchos datos de ese país. En primer lugar, debo aclarar que, como parte de la herencia británica, les quedó el volante en el otro lado y el hecho de conducir por la izquierda. Existe una gran cantidad de vehículos muy antiguos, pero también se ven algunos coches de lujo, sobre todo en La Valletta.
Una singularidad es que si bien la población de Malta es de 400.000, una cantidad de 300.000 personas poseen vehículo propio.
Respecto a la religión, sorprende observar que no practican el anglicanismo, sino que son católicos. El 80% de la población va a misa todos los domingos. En vísperas de la Navidad, se veían las calles decoradas y en todas las rotondas de la isla había un nacimiento de luces multicolor. Si bien esto no es tan llamativo, lo que sí sorprende es la cantidad ingente de imágenes religiosas que hay en las calles, junto a las carreteras o en los sitios más insospechados.
En cuanto a la gastronomía, hay un plato muy típico: el conejo, cocinado en los estilos más variados y, en muchas ocasiones, como aderezo a otros guisos. Asimismo, también se come mucho pollo y, por supuesto y más en las zonas costeras, el pescado.
Malta exporta atún, mucho atún. Así que cuando me enteré de esto, mi mente empezó a hacer cábalas: Hacía una semana que habían liberado la Alakrana, el atunero que había estado secuestrado más de 40 días en las cercanías de la costa de Somalia. La semana que yo estuve también visitaron la isla Don Juan Carlos y el ministro de AA.EE., Miguel Ángel Moratinos. Entonces lo vi muy claro: habían ido a negociar para que los pesqueros españoles vengan a las costas maltesas a faenar, que aparte de más cercanas no tienen tanto peligro como la zona africana.
Los idiomas oficiales de Malta son el inglés y el maltés. Para acceder a la Universidad de Malta (la única del país, obvio) deben controlar los dos y el examen de acceso a la misma, por tanto, se hace en los dos idiomas a partes iguales.
Malta es una República. Se convirtió en país independiente en 1964 y los malteses se sienten orgullosos de ello.
Debido a su posición estratégica, Malta siempre fue ocupada por diferentes pueblos. Primero fueron los sicilianos. Existe la hipótesis de que Malta y Sicilia estuvieron unidas, porque se han encontrado huesos de animales que no podrían sobrevivir en Malta, como elefantes. De ahí la teoría de que buscaban tierras más cálidas llegando desde Italia. Entre otros pueblos, fue ocupada por fenicios, romanos y turcos, invadida por las tropas napoleónicas y, finalmente, fue colonia inglesa.
Pese a ello, la bandera de Malta es muy antigua. Consta de dos franjas verticales de iguales dimensiones de color blanco y rojo. Eran los colores de Roger el Normando, que conquistó Malta a los musulmanes y, como recompensa a los malteses que le ayudaron en la batalla, les ofreció sus colores rasgando una tira de su propia bandera (a cuadros blancos y rojos), que les dio a los malteses. En la parte blanca de la bandera, está la George Cross, la condecoración que les otorgó a los malteses el rey inglés Jorge VI por la defensa de la isla frente a los bombardeos alemanes e italianos en la Segunda Guerra Mundial.
Uno de los símbolos más repetidos por toda la isla es la cruz de Malta, formada por cuatro brazos en forma de flecha unidos por las puntas. Es la tradición que dejaron los caballeros de la Orden de Malta, que llegaron a las islas para proteger a los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa. El legado que dejaron estos caballeros en las islas no es sólo inmenso, sino magnífico.
Uno de los personajes que también dejó una parte de sí mismo en Malta fue el pintor Caravaggio. Dos de sus lienzos más famosos se encuentran en la co-catedral de La Valleta.
El turismo es la mayor fuente de ingresos del país. También se han promocionado los estudios de inglés, de tal manera que hay numerosas escuelas de idiomas enfocadas a extranjeros que vengan a estudiar a Malta el idioma.
Por sus peculiariedades, es una isla donde se han rodado importantes películas. La última que recuerdo es Ágora de Alejandro Amenábar. También una parte de Gladiator se grabó en Malta. El conde de Montecristo, Troya… Tiene unos estudios de cine en las afueras de la capital.
Hay muchísimas más cosas que contar, pero considero que tras esa especie de resumen en que he tenido que hacer memoria de mucho de lo que me explicaron allí, puedo comentar cómo fue mi llegada. El resto de cosas irán saliendo sobre la marcha.
Cuando llegué al Aeropuerto Internacional de Malta eran las 13.35h. La panorámica del mar desde el aire, a medida que el avión va descendiendo, es una vista tan espléndida que corta la respiración. Ves los barcos, las plataformas petrolíferas en medio del mar, el perfil de las tres islas y, poco a poco, distingues el color ocre de los edificios de las ciudades. Entonces llegas a Luqa, al sur de la isla de Malta, y es hora de mezclarse con lo desconocido.
Lo primero que llama la atención es el clima: bastante más caluroso que España. En pleno noviembre podías permitirte el lujo de ir en tirantes, como si fuera verano. El aeropuerto está rodeado de palmeras.
Cuando recogí mi maleta, me esperaba un guaperas de Travelplan que me dio información básica sobre mi viaje. John, en un Mercedes negro, me llevó hasta el Hotel Crown en veinte minutos. Me dediqué a absorber todos los colores del paisaje que pasaba a través de mis ojos, a saborear aquel momento de novedades. El Hotel Crown está situado en el norte de la isla, en la bahía de Saint Paul (San Pawl il Bahar, en maltés), en la ciudad de Bugibba.
La recepcionista del hotel me explicó que en una dirección iba a la playa y en la otra podía coger autobuses hacia todas las ciudades de la isla. Opté por la playa. Llevaba mucho tiempo sin ver el mar.
Mi sorpresa fue mayúscula cuando me encontré que allí no había playa, sino únicamente una costa rocosa a la que no se podía siquiera acceder. Estuve familiarizándome con el paisaje, reconociendo la ciudad donde iba a permanecer una semana.
Las islas que forman Malta están invadidas por numerosas torres que construyeron los Caballeros para defenderlas de los conquistadores, bucaneros y piratas. Tienen una decoración que se repite: una oreja y un ojo, que son símbolos de vigilancia. Sin embargo, en la Torre de Saint Paul’s Bay (1609) no encontré esa decoración. Es la primera de las torres construidas por el Gran Maestre Wignacourt, así como también es la primera de las torres que se construyeron en la isla de Malta. Ofrecía protección a los Caballeros, que se refugiaban aquí, sobre todo cuando preveían algún ataque turco.
Después de mi paseo por la costa norte, me sorprendió la noche a las cinco de la tarde. Estuve una hora buscando el hotel, preguntando a mucha gente, hasta que, finalmente, lo encontré. A partir de aquel día, aunque el color de los edificios era muy parecido, tomé como referencia una tienda de CD’s y una rotonda que estaban justo al lado. Y no volví a perderme.
Al no haber dormido me encontré soñando a eso de las nueve de la noche. Al día siguiente empezaría la verdadera odisea por la isla.
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