viernes, diciembre 04, 2009

A toda prisa

Me da la sensación de que hoy he ido rápidamente a todos los sitios, sobre todo al final de la mañana cuando, con una prisa terrible, he aparecido en Correos, donde había numerosas personas, para luego llegar a casa y abrir todas las cartas mecánicamente. Ni siquiera he tenido tiempo esta mañana de escribir en la oficina, que siempre saco algunos minutos.
Sin embargo, ha habido algo esta mañana digno de mención. Una cosa es encontrarse a alguien por la calle, saludar sin pararse y seguir tu camino y otra muy diferente es encontrarse a esa persona en un recinto cerrado donde sabes que surgirá una conversación. Así que en un banco ha aparecido un individuo que tiene nombre de noble y al que yo conozco por una tercera persona. Como hemos salido a la vez de la entidad bancaria hemos caminado y hablado todo el camino hasta que él ha llegado a su oficina. Ahora que lo pienso, podía haberme mordido un poco la lengua, pues he terminado preguntándole por... Por supuesto, me ha dicho dónde estaba. Luego hemos seguido hablando de otras nimiedades, aunque también le he contado que estuve en Malta. Lo cierto es que tengo una curiosidad insaciable por su compañero. Me pregunto si le contará toda la conversación. La verdad es que le pega más tomar el pelo. Me cae bien.
¿Pero por qué diablos no me encontraré con quien me interesa de verdad, sino con toda la gente que está en su órbita?

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