sábado, septiembre 04, 2010

Unos minutos para recapacitar

Tengo ganas de verle. Es como si llevara unas semanas en el Polo Norte y necesitara esa dulzura que proviene de él, mirar sus ojos angelicales, escrutar su sonrisa...
Y es posible que no le vea hasta la próxima semana, ya que mañana con la boda perderé la noción del tiempo, aunque espero estar en casa para las diez de la noche.
Tengo nostalgia de él. Echo de menos la magia que deja a su paso, eso de sentirme hechizada en su presencia. Me gustaría contarle cómo ha sido esta semana en Burgos y describirle cómo pensaba en él cincuenta minutos de cada hora y entonces todo se convertía en algo más ameno (y es que confieso que los dos primeros días fueron como una letanía mortal que parecía que no acabaría nunca). Eso fueron los dos primeros días, luego la cosa cambió. Después conoces gente, te integras, sales, ríes, preguntas, escuchas...
Vuelves a estar en esta parte del mundo, el paréntesis ya ha terminado y sientes que él está más cerca, que cualquier día podrías verle, que en cualquier momento podrían tus pasos cruzarse con los suyos...

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