
Adoro cómo huele después de llover, pero también ese olor previo a las tormentas. Es como si el aire estuviera removiendo la tierra. Entonces sabes que va a haber una tormenta. He salido de la bodega después de cenar y gotas como alforjas me han calado. He parado, no para observar el césped mojado, sino para que ese aroma a frescura llegara a mis fosas nasales. Adoro cómo huele.
El perro ha echado a correr escaleras arriba porque tiene pánico a las tormentas: se mete debajo de la cama aterrorizado en cuanto escucha los truenos. He subido detrás de él, y mi mente ha empezado a volar. Me preguntaba dónde estará en estos momentos, desde dónde estará viendo llover (si es que lo ha visto). Me gustaría decirle tantísimas cosas, me gustaría compartir con él tanto… Entonces me he imaginado que paseaba con él y las inmensas gotas me calaban la piel y el pelo, pero no importaba. Lo único importante era que él estaba a mi lado…
Qué bien huele después de la tormenta.
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