lunes, septiembre 06, 2010

El sabor de las moras

Los días como hoy son raros. No se sabe si hay sol o caerá una buena tormenta. El sol quiere salir, pero el aire lo espanta bien lejos. Son días falsos.
Cuando iba con mi tío de paseo a la ermita siempre me decía que en tardes así salían las culebras. Yo jamás he visto una viva más que en los parques zoológicos. Deseaba entonces marcharme a casa, aunque nunca me terminaba de ir. Eso me recuerda a que mi tío siempre me esperaba porque mi amiga A. y yo siempre nos metíamos entre las zarzas para coger moras. Nos poníamos moradas a moras (nunca mejor dicho). Oíamos cómo algo se deslizaba entre un matorral cercano y, pese a que temíamos que se asomara la cabeza sibilina de una culebra, siempre preferíamos seguir cogiendo moras.
En tardes como las de hoy...

Hace mucho que no he parado a coger moras silvestres, quizás es porque hace mucho que dejé de ir caminando y, cuando vas en coche, ya no recuerdas el sabor de las moras ni los ruidos cercanos de una más que probable lagartija. En días como el de hoy siempre eran proclives a salir las culebras, pero yo jamás llegué a ver una. Y he ido a coger moras en muchas de esas tardes falsas.
Las moras silvestres estaban buenas...

En tardes como la de hoy iría con una persona, compartiría esto con él, le enseñaría los rincones ocultos que sólo unos pocos conocemos, los lugares poco transitados... donde siempre habrá una porción de moras esperándonos.

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