martes, septiembre 07, 2010

El enorme teatro

Una obra de teatro nunca es igual, aunque se represente el mismo drama y aunque participen los mismos actores. Un gesto es suficiente para que varíe, aunque el gran público no lo perciba.
Cuando participaba en obras de teatro, cada función siempre era diferente, porque siempre se intenta perfeccionar algo que en la anterior no habíamos previsto. De hecho, siempre terminas improvisando gestos e incluso las palabras.
Y esos casi imperceptibles cambios (ya que son cambios que habitualmente sólo los actores notan, y no los espectadores) es una de las diferencias cruciales entre el cine y el teatro.
Recuerdo a la perfección cuando representé al abuelo en una obra de Alejandro Casona de cuyo título no me acuerdo. Nosotras elegimos la obra y nosotras la llevamos a cabo. El abuelo era un ser entrañable cuyo papel supe interpretar con esa devoción de un papel en la vida que sólo podemos representar a través del teatro. Cada vez era diferente de la anterior.

A veces la vida se parece un poco a una obra de teatro. Cada día como una función nueva es siempre diferente. Nunca deberíamos caer en la rutina. Es cierto que los actores varían. Hoy puede entrar en esa función una persona nueva, hoy puede aparecer esa persona a la que hace tiempo que no ves. Entonces la obra se torna más alegre, porque ha aparecido la magia. Se parece sólo un poco, porque en la vida real no representamos papeles ficticios.
Sí, a veces la vida se parece a una obra de teatro. Sólo a veces. Es importante que cada día no se parezca al anterior.

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