
A veces cierro los ojos y me dejo llevar… Aspiro profundamente e imagino respirar el mismo aire que respira él, tan cerca de su rostro que sienta sus labios, su piel, sus ojos sin necesidad de tocarle. Imagino que abro los ojos y me encuentro con la profundidad de esa mirada enigmática que tanto me hechiza.
A veces me pregunto cómo he podido vivir todos los años del pasado desconociendo la existencia de esa persona tan magnífica. Claro que he conocido un sinfín de personas, y personas magníficas, pero ninguno me ha llenado tanto como él me llena. No sólo con su presencia. Le llevo tan cerca del corazón que siento un ligero cosquilleo.
A veces me pregunto dónde estaba la poesía de la vida antes de que le conociera, porque ahora todo es poesía, y dicen que la poesía es el mejor molde para expresar los sentimientos. Esa poesía que llega al pensar en él, al sentir que todo es perfecto, al sentirme hechizada, curiosa, alegre; al amar.
A veces cierro los ojos e imagino la dulzura de sus besos, la tranquilidad de un abrazo suyo, las historias que salen de sus labios, las caricias tentadoras de sus manos. Y sueño, sueño con él…
A veces miro a las estrellas que me recuerdan su imagen serena y me guardo los deseos que nunca termino de pedir y que jamás pronunciaré, que se quedan retumbando en mis sienes.
A veces me gustaría compartir con él tantas cosas que me da la sensación de que nunca será suficiente una vida para contarle todo.
A veces simplemente siento que le quiero tanto que se hace complicado contarlo por escrito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario