miércoles, octubre 06, 2010

Las campanas tocan doce

Adoro este momento de la noche. Es pronto aún para dormir, pero tarde para hacer cualquier cosa que requiera un esfuerzo (físico o mental). Podría leer, ver una película (en vía digital he estado viendo empezar Mujercitas, la de 1994, en la que aparecen Winona Ryder y Susan Sarandon, entre otros) o simplemente tumbarme y pensar. Creo que me decanto por esto último. Pensar en él me reconforta, me hace sonreír, me calma, me hace olvidarme de cualquier preocupación que haya podido traer a casa.
No he terminado de ver la película (que ya la he visto tres o cuatro veces), sigo leyendo El Palestino (ando por la mitad y estoy enganchada) y he optado por tumbarme en la cama y soñar despierta con él.
La mente nos trae razonamientos a veces que no esperamos, aunque otras veces hayamos pensado en ello. “Un día conoces a una persona tan especial que te ‘toca’ el alma”. Es así de sencillo.
Me pregunto si él ya estará durmiendo, me pregunto qué estará haciendo, me gustaría preguntarle cómo ha pasado el día. Seguramente estaba guapísimo y seguramente mañana lo estará aún más.
Cada día es una odisea. Le echo de menos cuando no me encuentro con él, pero él está muy presente en mi vida, ya que cualquier detalle me lleva a soñar con él, cualquier cosa, por pequeña que sea, me gustaría compartirla con él.
Simplemente un día conoces a un ángel. Y te meces en un hechizo como nunca antes habías sentido.
Acaban de tañer las campanas de la iglesia la medianoche. Aunque aún es pronto para ir a dormir. Seguiré imaginándole, soñándole, deseándole, queriéndole.

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