
En alguna ocasión tengo que hacerme esta pregunta: ¿es posible que le esté idealizando? Pues no quiero caer en la idealización, con todo lo que conlleva (posiblemente la decepción). Me obligo a replanteármelo de vez en cuando.
No. Simplemente le acepto como es, con sus virtudes y sus defectos. Aún no he caído en la ceguera sentimental. Me gusta lo que veo en él, lo que me regala cada día al mirarme, me gusta su transparencia y su claridad de ideas, su tolerancia, su tranquilidad, la textura de sus manos, la bondad que hay en él, el color de su pelo, su sonrisa, su manera de pensar, lo bien amueblada que tiene la cabeza, su timidez, cuando se ruboriza, esa voz tan sensual... No me gusta... (en estos momentos no se me ocurre nada).
Cuando hablo de él en términos de que le considero un ángel es por la alegría que me da cada día, por la magia que me envuelve al sentirme 'tocada' por su mirada, por la tranquilidad que me brinda su sonrisa, por su enigmática personalidad, por su gran corazón... Es, sin duda, un ángel (de carne y hueso, y con alas invisibles).
Y sí, es una persona muy especial. Y, cuanto más le conozco, más me gusta lo que veo en él. Es así de sencillo. No le tengo idealizado: lo que veo en él, lo que me da con sus palabras, con su mirada o con su pensamiento me encanta.
Es así de simple. Las personas... nos gustan o no nos gustan. Y luego hay personas únicas que nos gustan demasiado.
A veces me hago esa pregunta, porque temo poder caer en la idealización de la otra persona. Hoy por hoy, no es el caso.
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