lunes, octubre 04, 2010

Eight o'clock

Debería irme a casa.
Estar en la otra oficina era más cómodo en cuanto se hacía de noche, porque no me sentía obligada a abrir. Ahora, cuando ven luz, sí que me llaman, y no me queda otro remedio más que atender a la gente.
Es por eso que me llevo los folios rojos a casa y escribiré desde allí.

Le echo mucho de menos. Daría un mundo por encontrármelo ahora y perderme en sus ojos.

Una vez le dije que tenía la mirada penetrante. Es posible que no me creyera. Si él supiera todo lo que veo en sus ojos...

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