Monte Fujiyama, JapónMe iré al otro lado del mundo, allá donde surge el sol naciente. Al final, tenía decidido Japón y Japón será. Tengo que volcarme en ese viaje para olvidar lo otro. Me costará mil euros más (o más) que Argentina, pero ¿para qué quiero el dinero? Ya ahorraré cuando tenga que pagar las letras del piso, entonces ya me resignaré a Europa, si es necesario. O a España, donde me quedan aún muchos lugares por conocer.
Siento un regusto amargo. Cuando en junio esté en Japón sé que en algún momento pensaré en que podría haber estado en otro lugar radicalmente diferente. Será inevitable no pensar en ello.
Me están preparando itinerario para Japón. Ha sido lo primero que he hecho nada más llegar a la oficina.
Ayer cogí una caja y empecé a meter allí todo lo que no quiero en mi vida (porque es motivo quizás de dolor). Sé que la caja se llenará, no de la noche a la mañana, pero sí a medida que pasan los meses. Cualquier cosa que me traiga cualquier recuerdo respecto a... irá a parar a la caja. Es como un baúl de secretos que no quiero mostrar al mundo.
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