
Las montañas están llenas de aldeas, pequeñas casitas de piedra, lugares idílicos, casi deshabitados. He quedado dentro de una hora en una de esas aldeas pintorescas de las cercanías de Ezcaray. En parte, es una suerte tener que subir allí arriba -justamente hoy- para respirar aire fresco. Es algo que necesito realmente. Allí arriba hay naturaleza pura. Allí arriba no hay recuerdos. Allí arriba sólo hay animales de pastoreo, montañas y mucho verde.
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