
A veces escuchamos esa frase que dice: "hoy, si me pinchan, no sangro". Nunca había sentido así, hasta esta mañana. Hoy tengo esa sensación: si me pincharan ahora no sangraría. Siento como si, durante el último año, dentro de mí hubiera crecido una rosa que ha ido deshojándose en las dos semanas pasadas y ayer se hubiera secado definitivamente. Algo se ha secado, porque soy incapaz de llorar. Lo que siento es un vacío indescriptible. Es el vacío de la amargura, el vacío de la desdicha, el vacío que deja el dolor. Es como si el día estuviera despojado de todo color. Siento que hago cada cosa más sencilla mecánicamente y, al momento, no recuerdo haberla hecho. Me resulta de un esfuerzo descomunal dar un paso hacia adelante.
Al mirarme en el espejo, en esos ojos veo una belleza intrínseca, una belleza diferente salida desde el interior: es la belleza de la tristeza.
Ni siquiera estoy enfadada. Es otra cosa.
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