miércoles, marzo 03, 2010

Hora de marchar

Siempre se me hace tarde. De hecho, creo que hago lo imposible por que me den las diez de la noche (o una hora aproximada) para no ir antes a casa. Todo porque en casa es más fácil que la imaginación vuele en todas las direcciones y aquí soy más proclive a la concentración silenciosa.
No voy a esperar a las diez. Hoy le había prometido a mi madre que iría antes, pero no he cumplido mi palabra. Ahora estará preocupada.
Me pone los pelos de punta salir ahora a la calle y caminar hasta el coche. Antes tenía una ilusión que, por pequeña que fuera, me alentaba a seguir caminando. Ahora, por más que intente buscarla, tengo las manos vacías.
Sin embargo, es hora de marchar.

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