
Hoy es uno de los días que menos he escrito aquí. Acostumbrada a escribir una media de cinco entradas al día se me hace extraño llegar a casa y encontrarme que sólo he escrito en los pocos momentos de descanso que he tenido hoy: anoche, antes de irme a la cama; en la sobremesa.
Algunas veces, suelo escribir desde la oficina, sobre todo por las tardes, pero hoy he estado demasiado ocupada como para dedicar unas palabras a la escritura, y quien habla de dedicar unas palabras a la escritura, habla de dedicarle unas palabras a ese ángel de mirada dulce. Porque siempre le dedico unos minutos.
Y, aunque no haya escrito casi nada, los minutos que le dedico a esa persona tan especial han estado muy presentes, aunque no haya podido plasmarlos por escrito.
Me hubiera gustado verle esta noche, pero hoy no va a ser posible, por circunstancias ajenas. Aunque estoy segura de que, cuando me vaya a dormir, me llevaré su imagen angelical conmigo.
Revivo el instante en que le he mirado de reojo esta mañana, revivo el momento en que mi mente ha procesado su mirada... Estaba tan guapo...
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