lunes, marzo 01, 2010

¿Y si le llamara...?

Desde que he llegado esta tarde está rondándome por la cabeza llamarle a su oficina, aunque basta que lo hiciera para que no esté. La razón es que me apetece escucharle, me apetece perderme entre las palabras pronunciadas por esa cadenciosa voz. Tengo motivos para llamarle, con un: "Oye, ¿qué tal va mi chimenea?". Con esto no quiero decir que el motivo sea una chimenea, sino que podría preguntarle cualquier cosa. Seguramente el inicio de la conversación derivaría en algo relacionado con un: "contigo al fin del mundo", entendiéndose que el fin del mundo podría ser la Tierra del Fuego.
Sin embargo, hay algo que me impide llamarle: timidez. No soy tímida con nadie, al menos no saco esa timidez al exterior con nadie más que con él. Sólo yo sé por qué es. En cuanto me paro a pensar en lo sencillo que sería descolgar el teléfono, coger la guía telefónica desde internet para buscar un número en concreto (aunque parezca mentira, no me lo sé) y marcar, matemáticamente se me forma una bola en la boca del estómago que se extiende hasta las terminaciones nerviosas y empiezo a temblar sin poder contenerme. Supongo que la fuerza por escucharle es superior a los nervios, o al menos cuando supere el temblor sé que haré esa llamada. Quizás.

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