
Siesta... ni siquiera es necesaria, pero qué bien sienta a veces. Yo creo que llegará enseguida porque me encamino a entrar en un mundo imaginario en cuestión de minutos. Allí, en el mundo ficticio se ve todo de diferente manera y, aunque no soy amiga de siestas, necesito un momento de regocijo emocional. Y esos momentos sólo los puedo encontrar cuando cierro los ojos, cuando imagino otro final, otra historia, pero siempre la misma persona. Aunque luego, al despertar, sea duro enfrentarse a una realidad muy distinta. Es el contraste entre el mundo real y el mundo de la ficción.
Al menos, cuando escribo, siempre puedo cambiar el final.
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