
En el fondo yo sabía que Argentina era un sueño imposible. No por mí, yo hubiera ido con los ojos cerrados. Quizás algún día vaya, aunque ya no será lo mismo. No se trata de un sueño roto, sino más bien de una oportunidad perdida, aunque era de esperar.
El sueño de Argentina se lleva muchas cosas. No es únicamente el viaje en sí, sino todo lo que lleva detrás. Muchas veces, lo que está oculto es quizás lo más relevante. En esta ocasión quedará oculto porque no seré yo quien describa todo lo que ese sueño irrealizado se lleva consigo. Tampoco me apetece decirlo.
Al menos ahora sé a qué atenerme. Hace un rato he sentido que algo dentro de mí se cerraba al exterior, como si no quisiera expresarse; he sentido incluso que me faltaba el aire. Tengo ganas de llorar, pero ni una solitaria lágrima es capaz de salir al exterior. Lo oculto es a la vez tan misterioso... Siento como si una coraza invisible estuviera recubriendo todo.
Vuelvo a mi refugio. ¿Quién sabe si mañana se revestirá de otro color?
Podrán quitarme todo, lo único que jamás permitiré que me roben son las ganas de soñar.
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