
Lo cierto es que podría marcharme ya a casa y, sin embargo, he optado por quedarme un rato más, aunque no trabajando, pero necesito ese silencio y esa concentración para centrarme en otras cosas. Eso no quiere decir que en casa no pueda centrarme, sino que prefiero el silencio y la soledad que en casa no tengo.
En otro orden de cosas, tengo que dedicarle un minuto, aunque sólo sea para decir que creo haberle visto en el coche a las cuatro de la tarde, pero ha sido tan rápido, que sólo me ha dado tiempo a echar un vistazo fugaz a la matrícula, por eso creo que era él. En ese momento me he preguntado adónde iría. Seguro que si ahora me fuera a casa, me encontraría con su coche. Y entonces le siento cercano. No es la única vez. Hay momentos en que, por diversas y variadas circunstancias, me acuerdo de él. Sigo pensando en que me reconforta saber que está tan cerca, aunque apenas nos veamos. Quizás sea su dulzura...
Es hora de tomar un café a media tarde y, de paso, desconectar un poco de todo. En cierto modo, ese café pone punto final a la jornada laboral y es el inicio de aquello en lo que me sumergiré en las próximas horas: contabilidad pura y dura.
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