
La última canción del Snoopy aún resuena en mi cabeza: Resistiré, resistiré hasta el fin... ¡Qué época aquella de Barón Rojo y similares...!
En principio no iba a salir, pero una cosa es pensarlo en casa y otra es decidirlo en el bar, como así ha sido. Aprovechando que es el cumpleaños de D. nos hemos animado unos cuantos a dar una vuelta. Como cualquier otro viernes invernal los bares estaban vacíos.
Y todos hablando del monotema: una especie de casino donde quieren rebajar en cinco años la edad de entrada al mismo. Es el bar al que solemos ir últimamente. En mi caso, resulta indiferente porque ya soy socia, aunque me han informado de la fecha de la Junta para votar en contra de esa medida que me parece injusta, sobre todo porque afecta a algunos de mis amigos y a mi hermano pequeño. Pero votaré.
Me hubiera gustado ver a cierta persona. Suele salir los viernes. Esta noche o no estaba o ha ido por otros bares.
El caso es que yo no iba a salir y son casi las cuatro. D. y M. han venido conmigo. D. se ha reído cuando ha visto el coche que llevaba. Quedaremos mañana a tomar café, que habrá que tirarle de las orejas. Y seguro que sale en el periódico también. Para mañana me han propuesto ir de mercadillos (a dos) y comer en Ezcaray. El caso es que no me gustan los mercadillos. La comida es otra historia, pero después de comer durante toda la semana fuera, el fin de semana prefiero comer en casa. Aunque, pensándolo bien, no diré nada, porque quizás a última hora suba a Ezcaray.
Es hora de dormir, reflexionar si cabe, soñar con él. Los últimos sueños que recuerdo eran bastante jugosos.
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