martes, febrero 23, 2010

Café a media mañana

El año pasado el café a media mañana me gustaba un poco más, quizás es porque me deleitaba con la presencia de cierta persona, aunque entonces fuéramos meros desconocidos. Recuerdo que, después de un mes, aunque mi cuerpo me pidiera antes la dosis diaria de café, siempre esperaba a las doce. Esos recuerdos me debilitan quizás, porque antes tenía esa pequeña ilusión y ahora carezco de ella. Sigo bajando al café, aunque intento que no me den las doce.
Hoy es una excepción porque se me ha hecho algo tarde. Necesito ese café y hojear quizás el periódico, pasar inadvertida, aunque eso también ha cambiado. Hace un año no conocía a nadie, y ahora raro es el día que no me invite nadie al café o que no se paren a decirme algo.
Yo creo que también podría dejar el vicio del café a media mañana. No bajo tanto por el café, sino para que me dé el aire, para sumergirme entre el murmullo de la gente, para despejarme. Y es que una mañana sin café no es una mañana completa.
Aunque sólo sea por hacer honor al nombre de este blog, nombre que cambié por lo que significaba ese café de las doce, para que quedara como memorandum.

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