lunes, febrero 22, 2010

Alargando el regreso a casa

Creo que ya he alargado suficiente el regreso a casa. Podría dar mucho más de mí, porque si me meto de lleno con algo es imposible que me desconcentre. Pero no quiero que los móviles empiecen a sonar, ni que me digan que ya va siendo hora, ni tener que correr hacia el coche porque me dan pánico las solitarias calles.
Debería proponerme regresar a casa más temprano, pero al final se me echan las horas encima. Y cuando quiero darme cuenta me tengo que enfrentar a los fantasmas de la noche. Porque la noche invita a la reflexión, a pensar. De noche se ve todo más negro (y no hablo literalmente). Sólo cuando viene Morfeo las cosas cambian.
Anoche soñé con él. Y con pensar en ello vuelve el dolor.
Las noches son peores, porque durante el día siempre estoy ocupada, pero al oscurecer... todo se ve diferente. Pese a ello, mañana volverá a salir el sol.
No me imagino que llegue un día en que haya dejado de quererle. Yo creo que eso no ocurrirá nunca.

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