
No puedo dedicar un fin de semana entero a la reflexión. Seguro que mañana, a estas horas, estaré pensando en irme de fiesta. A estas horas... estaré en el bar tomando café, un licor de manzana sin alcohol y jugando a las cartas. No sé, mejor me lo vuelvo a replantear mañana.
Hoy he recibido dos emails de dos amigas, me preguntaban qué tal ha ido la semana, para mí que han hablado entre ellas, porque los correos me han llegado en un intervalo de cinco minutos. O igual sólo ha sido una coincidencia: I. estaba el fin de semana conmigo y M. leyó unas palabras mustias que le escribí el lunes, sin entrar en detalles, y alegando que no tenía ganas de decir nada. Tampoco a ellas les he contestado. Es que no me apetece escribir emails a nadie. Igual es que saturo tanto aquí mis energías para escribir que no me quedan ganas para nadie más.
Me siento más contenta, es obvio, pero esta alegría proviene de la misma mano que, indirectamente, me llevó a la tristeza hace unos días.
No hay comentarios:
Publicar un comentario