
Querer...
Un concepto tan amplio, tan lleno de carisma, tan íntegro en sí mismo. Tantas formas de querer.
Quieres cuando te sorprende ser consciente de que darías la vida por la otra persona, quieres cuando sientes que el corazón se te agota por buscar su modo de expresión ante la presencia de esa persona, quieres cuando el tacto de sus manos te hace estremecer, quieres cuando en sus ojos lees algo que no puedes explicar, quieres cuando un escalofrío de placer recorre toda tu espina dorsal, quieres cuando no te imaginas un día sin algo de él (en todo su más vasto significado), quieres cuando esa persona hace que te sientas bien con todo el mundo, quieres cuando te hace sonreír en mayor medida que las veces que te hace llorar, quieres cuando te irías a cualquier lugar con esa persona, quieres cuando harías algo que nunca sueles hacer sólo para hacer sonreír a la otra persona, quieres cuando sabes que todo le va bien, quieres cuando das sin deseos de recibir nada a cambio, quieres porque esa persona hace que cada día seas un poco más feliz...
Y si esa persona no estuviera no tendrías tantísimas y dispares sensaciones, agradables sensaciones.
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