Lo último que tenía que haber hecho es traerme ese sobre y la guía a casa, pero tampoco iba a dejarlo en el coche. El caso es que parece ser que cuando me decido a ir a verle da la casualidad de que él está fuera. Quizás estuviera, porque he mirado muy por encima a ver si tenía el coche y he comprobado que no. Lo que no voy a hacer es recorrer las calles aledañas a ver si por casualidad ha llegado. También me he dado una vuelta (desde diciembre no me había pasado por ahí) por otro lugar, una plaza que esta tarde se veía magnífica iluminada por el sol; desde la rotonda he visto un coche del mismo color y se me ha encendido la lucecita (aunque me resultaba extraño por la hora). Pero tampoco estaba su coche ahí. Quizás podría habérselo metido todo por la puerta, pero prefiero dárselo en mano. Aquélla es una zona muy tranquila, al menos tal y como la he visto esta tarde. Creo que cuando empiece a ojear pisos también miraré casas por ahí, aunque no estoy segura de que fuera buena idea ser vecinos. O sí. Eso nunca se sabe.
He venido algo ofuscada, con eso de que tengo la sensación de que hoy era un día que no podía ser. Mala fortuna quizás. Pero ya no tengo ningún nudo en el estómago y los nervios los he dejado allí.
Me hubiera gustado verle de todas formas.
Ahora bien, mi hermano me ha puesto más nerviosa, porque me ha preguntado por qué iba maquillada. Creo que me he ruborizado y él se ha echado a reír. Cuando llegue a casa tendrá una retahíla de preguntas que hacer.
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