
"Eran las cinco de la tarde" decía Lorca en los versos que le dedicó a Ignacio Sánchez Mejías cuando fue corneado por el toro que le llevó a la muerte. No sé por qué me ha venido a la mente aquella poesía, quizás porque sentía el ritmo de la misma al decirle a mi padre: "A las cinco de la tarde". Y a esa hora me voy a tomar café y luego cogeré el autobús.
Casi las cinco de la tarde. El martes más y mejor, que ahora ya es hora de marchar.
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