martes, febrero 23, 2010

¿Irme a otro sitio aunque sea tan cerca?

Hace unos diez días me propusieron ir a otro sitio, no muy lejos (a unos quince kilómetros), a realizar el mismo trabajo que estoy haciendo aquí, aunque sólo en horario matinal. Me pareció una idea genial, porque allí yo veo un filón. Lo único que me echaba un poco para atrás era alejarme físicamente de él, no encontrarme con su coche de vez en cuando o no cruzarme con él algunos días que el azar une nuestros caminos.
La verdad es que ese otro lugar a mí me encanta, en verano y en invierno (aunque jamás subiré a las pistas y probaré a esquiar), por eso no me costó mucho decir que sí.
Cada vez eso es más tangible. Esta tarde vamos a ir a ver la oficina, a hacer un reconocimiento del lugar. Realmente algo así es lo que necesito ahora, porque nada de aquel lugar tiene por qué recordarme a esa persona.
Hoy salía del Suma y evitaba mirar al frente. Cuando voy a ese supermercado suelo tomar la calle de atrás y entonces he visto quién había aparcado allí. Pese a evitar mirar me he encontrado buscándole con los ojos ¿por si venía en esa dirección? Creo que me he quedado parada, aunque luego he empezado a caminar rápidamente, sin mirar atrás, huyendo de allí, intentando dejar sus recuerdos detrás de mí. Aunque sé que es imposible.
¿Y si me lo hubiera encontrado? Posiblemente hubiera hablado con él como siempre, absorbiendo sus palabras, aprendiéndome sus rasgos, acariciándole con los ojos, con los oídos. Me pregunto si él captaría cómo me siento. En verdad creo que sí, que no se le escaparía.
Pero no me lo he encontrado.
Si me fuera le iba a echar mucho de menos.

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