
Llueve.
La lluvia lleva a la melancolía.
Hace unos años, bastantes años la verdad, la lluvia me ponía muy triste, el cielo grisáceo me envolvía y mi alma se encontraba repentinamente embarcada en un mundo nostálgico. Todo pasaba cuando dejaba de llover y veía algún indicio del arco iris surcando el cielo.
Ahora me gusta la lluvia, no me entristece, porque la lluvia también tiene su belleza. Además me gusta el olor que queda después.
También me gusta caminar mientras las gotas recorren mi rostro y mi pelo (aunque se me rice). Es agua y es necesaria. Prefiero no imaginar con quién me gustaría caminar bajo la lluvia, sin paraguas.
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