
En el plazo de unas pocas horas he recibido muchas señales. Cuando estás leyendo no sabes muy bien qué puedes encontrarte en sus páginas, pero una única palabra es suficiente para que tu mirada se quede fija observando ese único vocablo y haga volar a tu imaginación. Esto puede ocurrir una vez en un libro, pero que cojas al azar otro libro y ocurra lo mismo... ya es mucha coincidencia.
Y, para colmo, en el correo ha llegado hoy un sobre inmenso.
Esas señales son las que me llevan a la luz, a sonreír, a tocar casi un sueño con la punta de los dedos, nublado únicamente por la posibilidad de una negativa por su parte. Además, tengo que hablar con él, porque posiblemente mis vacaciones se adelanten. No concibo que ahora pueda decirme que no va, pero todo es posible. No debería ilusionarme tanto, pero es inevitable cuando...
... estás leyendo la parte final del libro de Mario Conde y, un año antes de morir, su mujer hablaba de ir a Argentina, de que tenían que recuperar el tiempo perdido, juntos... Ese viaje nunca lo llegaron a hacer, porque ella falleció. Eso me hizo pensar: la primera señal era Argentina; la segunda, que si no vamos este año no creo que vayamos nunca, al menos como compañeros de viaje;
... comienzas a leer otro libro y en las primeras diez páginas (es una coincidencia extraña porque yo sé de antemano que ese libro transcurre en Roma, pero coincidencia al fin y al cabo) y Guido dice que sus padres son diplomáticos, enumera varios países en los que ha vivido, pero sólo hace una mención especial a Argentina: "He estado en el punto donde confluyen Brasil y Argentina: en las cataratas de Iguazú";
... en el correo de hoy me llega un enorme sobre con el logotipo en azul de la Oficina de Turismo de Argentina en Madrid...
Demasiadas coincidencias en unas pocas horas, demasiadas señales para hacer caso omiso de ellas. Es como si lo que parecía un viaje de ficción empezara a moldearse y mutarse en algo más palpable y real. Ahora bien, sigo dependiendo de él. Supongo que tendré que exponerle este marco teórico, diciéndole que los planetas están en armonía para que hagamos ese viaje, porque, si fuera al revés, no recibiríamos tantas señales. Sí, los planetas están en armonía.
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