miércoles, febrero 24, 2010

Desde el espejo retrovisor

He sentido su cercanía física cuando me dirigía al coche. Al desaparcar, mirara para donde mirara esa matrícula, ese vehículo, no podía apartarse de mi vista. Tan cerca. Y después he mirado hacia la calle. Y me he permitido sonreír: tan lejano y tan cercano a la vez.
Casi prefiero ver su coche, saber que está ahí, saber que es real, aunque no nos veamos. Si veo algo de él sé que está bien, trabajando mucho, pero bien. No soy alguien que se conforme con eso, pero de momento tendré que conformarme.

No hay comentarios: