
Después de Aurora Boreal, en cuanto descubrí que la misma autora había escrito otro libro en donde vuelve a aparecer un personaje central y admirable, Rebecka Martinsson, y un lugar de ensueño, Kiruna, no tardé mucho en comenzarlo.
No soy asidua a leer novela negra, pero el estilo de Asa Larsson me engancha de una forma inexplicable.
Tras los acontecimientos transcurridos en Kiruna hace unos años (transcurridos en Aurora Boreal), Rebecka Martinsson, tras una lenta recuperación, vuelve al trabajo en su bufete de abogados. Pero la tensión y la inestabilidad emocional por haberse cargado a tres hombres, la llevan a cometer un error fatal, por lo que Mans Wenngren, su jefe, le aconseja que se tome unas vacaciones, aunque a veces ayuda a otros abogados. Así es como se marcha de nuevo a Kiruna con un socio del bufete para hacer una oferta jurídica a varias parroquias del país. Cuando su socio se va, ella se queda en una cabaña de alquiler junto a un restaurante de carretera. Micke, el dueño del restaurante, y su amante Mimmi la aprecian e incluso la ofrecen trabajo de friegaplatos. Por una vez desde hace mucho tiempo, esa Rebecka anónima se siente a gusto porque nadie vendrá a preguntarle qué se siente al asesinar a tres hombres a sangre fría.
Pero mucho antes del verano había aparecido allí una pastora asesinada, Mildred Nilsson, colgada de los tubos del órgano de su parroquia. Esta acérrima feminista tenía mucha gente que la apreciaba, pero se había hecho con un círculo enorme de enemigos: casi todos los hombres y los socios del club de caza. Con los cazadores se llevaba mal desde que encontró a una loba de patas doradas y decide protegerla. Ahora son las mujeres de su asociación las que tienen que seguir ocupándose de la loba.
Rebecka se encariña con un muchacho que tiene una deficiencia psíquica, hijo de un policía retirado, Lars-Gunnar. La madre del niño le abandonó hace muchos años y desde entonces ha tenido que ocuparse del muchacho retrasado, lo que a veces considera una enorme carga, pero al que quiere muchísimo y protege hasta la saciedad. Nalle, el muchacho, también coge cariño a Rebecka, que se ocupa de él en las ocasiones en que Lars-Gunnar no puede hacerlo. Pero el ex policía, al que le suena el nombre de la joven, descubre su verdadera identidad y le espeta que ha utilizado a su hijo para cotillear en los asuntos del pueblo; la insta a marcharse. Rebecka decide ir a la casa vacía de su abuela.
De repente, otro de los pastores, Stefan Wikström, enemigo público de Mildred, desaparece sin dejar rastro. Varios días después, una pareja que estaba en la montaña denuncia a la policía unos disparos cerca de un lago. Y allí encuentran el cadáver encadenado del pastor. Con los restos de cartuchos sacan una lista de posibles sospechosos; un nombre destaca por encima del resto: Lars-Gunnar, jefe del grupo de cazadores.
Es entonces cuando Rebecka se da cuenta de que ya puede reanudar sus labores cotidianas y decide volver a Estocolmo. En el camino se encuentra con Nalle, que la lleva hasta su casa para enseñarle un ratón que tiene en el sótano. Pero al marcharse aparece Lars-Gunnar y Rebecka lee en los ojos de él la culpabilidad. Lars-Gunnar la tira a un agujero y cierra la rejilla. Después, como no quiere que a Nalle se lo lleve la policía, termina pegándole dos tiros en el jardín. Y después se pega un tiro en la boca. Rebecka escucha los disparos desde el agujero en el que se encuentra y no puede hacer nada. Poco después llega la policía.
Lars-Gunnar había asesinado a Mildred porque sentía que quería quitarle todo lo que tenía: primero a su hijo, luego las tierras dedicadas a la caza. Intentaba menospreciarle en todo, desdeñaba que no fuera un hombre de iglesia. Tras el asesinato de la pastora, comprende que alguien le ha visto desde una ventana: el pastor Stefan Wikström, al que ejecuta poco después.
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