viernes, febrero 19, 2010

Un manojo de nervios

Hoy he buscado a conciencia su coche en el momento en que he tenido que salir a la calle, pero no estaba. Esto es como la Ley de Murphy. Igual que la tostada que cae siempre lo hace por la parte untada de mantequilla, aquí cuando me propongo hacer algo suelen darse las circunstancias idóneas para no hacerlo. Con las ganas que tengo de verle hoy, aparte de que ya me he hecho a la idea, a pesar del nudo de nervios que se desprenden desde el estómago.
A medida que pasan las horas, el tembleque es cada vez mayor. Sólo cuando me concentro suelo olvidarme momentáneamente de esta ardua espera. Creo que si hubiera visto su coche ya hubiera ido a verle.
Pero, ¿cómo es posible que me ponga tan nerviosa? Será que me gusta de verdad, que me importa mucho. De lo contrario, no estaría con ese nudo en el estómago ante la perspectiva de ir a verle.

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