
Los desayunos me deben dar una energía extraña, porque muchos días aparezco en la oficina con alguna cosa que tengo que decirles a alguna de mis compañeras. Después digo "Buenos días", pero primero comento lo que me urge decir. Cuando me quiero dar cuenta ya es demasiado tarde. Cualquier día apareceré diciendo "Guten Morgen" y mis compañeras pensarán que las he insultado.
Esta mañana parecía que venía hasta cabreada, que no es el caso. Llegaba un cuarto de hora tarde, aunque podía haber llegado puntual, porque después de abrir los ojos he estado un rato escuchando los silbidos del viento desde la cama. También he oído a mi padre bajando las escaleras mientras me decía que tuviera cuidado al venir, que tiraba mucho aire.
Ahora he quedado a las cuatro en punto en la oficina y he intentado cambiar la cita en la peluquería, cosa radicalmente imposible, pero me he asegurado de que me cojan la primera para estar puntual esta tarde.
Se agradece un descanso en el trabajo. Tantas reuniones en fin de semana me descolocan.
Hoy he soñado... con él.
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